La estampida se oyó como un rayo. Una leona con la urgencia del hambre llegó a la costa del río donde una manada de elefantes bebía pacientemente. Fue allí donde empezó la cacería, entre las corridas de los animales y las pocas fuerzas de la leona. Abatida por no poder alcanzarlos volvía sobre sus pasos cuando vio correr a una cría que, con el rumbo perdido, huía de ella. La persecución duró poco a pesar de la distancia. Cruzaron el pastizal seco y llegaron exhaustos a un descampado a la orilla de un río donde dos hombres desayunaban. El pequeño elefante cerró los ojos y con el poco aire que le quedaba alcanzó el canasto del globo. Espantados como la manada, los ocho hombres soltaron las ocho sogas y ya no recuerdan lo que sucedió.