Jugar a la ausencia, al abandono, a la soledad. Jugar a los fantasmas. Como en el juego de damas, unos se comen a otros, en caminos diagonales y todo el tema es lograr no ser devorado. Así es la historia de la niña protagonista de esta novela en su pesadilla familiar donde Tito y su enigmática presencia es el extraño antídoto de un padre casi brutal y de una madre que va camino a la destrucción. Sin embargo, la voz de la niña, la fluidez de su lenguaje, su ácida inteligencia mezclada a la inocencia, nos cautivan al punto de sufrir con ella, pero también de fascinarnos. En este clima cortazariano por la magia, vamos cayendo en el impacto y la sorpresa de las últimas páginas. Con la atmósfera del primer libro de Patricia Bence Castilla “Felices los niños”, la infancia elabora su infierno disfrazado de paraíso perdido.
Liliana Díaz Mindurry
Mueve el hocico sobre el perro muerto
De pena mueve el hocico
Parece hablarle bajo la oreja
Una palabra de amor La fatiga del adiós
Apoya su hocico frente al otro inmóvil
Espera en el suelo el aliento tibio
La lengua agradecida
Ya no se encuentra en esos ojos
Le pesa el abandono en un gemido
El mundo le camina por encima
Como a toda pena ajena
Ahora vaga entre la gente
Mendiga amor
Muestra los dientes
Con la cola entre las patas