Uno agradece este pequeño cuaderno de navegación porque es un diamante: una poesía despojada que, en su deseo de evitar el adorno, capta lo necesario y se llena de intensidad. Logra una mística que es balbuceo y, a la vez, desintegración. La violencia está en su aparente calma y en lo que esconde, además de ser una viva fidelidad a lo que es fundamento y esencia.
Liliana Díaz Mindurry
El pincel del pintor sobre la tela
La lengua filosa entre los dientes
La cuerda tensa que no vibra
La madera cruda que el cincel no toca
Los dedos voraces que la boca muerde
La mano cóncava donde la moneda cae
Los ojos grises que el frío no cierra
La noche indomable que no llega
Es un instante entre todos los instantes
Un soplo de vida
Un segundo entre todos los segundos
Se desploma otra gota de arena y todo precipita
Hacia el final imprevisto
Hacia el olvido insensible