Uno agradece este pequeño cuaderno de navegación porque es un diamante: una poesía despojada que, en su deseo de evitar el adorno, capta lo necesario y se llena de intensidad. Logra una mística que es balbuceo y, a la vez, desintegración. La violencia está en su aparente calma y en lo que esconde, además de ser una viva fidelidad a lo que es fundamento y esencia.
Liliana Díaz Mindurry
Frágiles muros sofocan a este estanque
Muros con la fuerza del engaño
Muros tras muros como piel de una cebolla
Muros de tierra devastada
Brotaron como arrullo de niño
Quisieron sed y quisieron hambre
Hallaron agua verde bajo el barro
Barro como cáscara de agua
Golpea el agua contra las débiles paredes
Golpea como el martillo al cincel
Ya han madurado las últimas esmeraldas
Caerán con los años los muros uno a uno
Muros de papel muros de miedo
Muros de lágrimas
Muros de cebolla