En la otra puerta

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Florencia Fraschina presenta su serie “Recoleta” y exhibe algunos retratos y paisajes que define como recuerdos inciertos y lugares lejanos que alguna vez conoció.

"Si no pinto, me enfermo o envejezco más rápido. Como si tuviera que dejar de caminar"

Florencia Fraschina pinta desde los 8. Su obra ambigua resalta la calidad del trazo que crece desde adentro hacia afuera. Presenta su serie "Recoleta" que despierta gran interés. Exhibe también algunos retratos y paisajes que define como recuerdos inciertos y lugares lejanos que alguna vez conoció.

"La serie Recoleta surgió a partir de la experiencia que vivió una amiga al encontrarse con su amante en un hotel de Recoleta, donde la ventana de la habitación daba a los techos de las bóvedas del cementerio y eso la hizo pensar en una mini ciudad oriental" explica la artista de 37 años.

Estas imágenes que luego cobrarán vida, despliegan sexo, mezclado con el drama, la vida y  la muerte. "Más tarde me di cuenta que en la mayoría de los pueblos y ciudades  hay prostíbulos y hoteles rodeando un cementerio. Ya en el antiguo Egipto no había fiesta sin la presencia de un esqueleto o cualquier otro emblema de la muerte que les recuerde la fugacidad de la vida". Sus personajes están bloqueados entre tumbas y misterio, presentan un otro mundo que revela la imagen de los otros. Su casa, bóvedas y espíritus, donde los transeúntes gozan unidos en el frío paisaje de la noche. Ellas se excitan de a tres o de a cuatro mientras él, desnudo toca sus genitales. Rubias, altas, flacas y gordas, muestran escenas múltiples, sin tapujos, como en los viejos tiempos.

En sus pinturas el color es especialmente voluptuoso, y sus formas exactas. No cree que haya una tendencia de vanguardia más que la individual. Muestra rasgos expresionistas, y romanticistas. Trabaja con óleo y utiliza bastidor con telas de todo tamaño.

Nació en Mar Del Plata, vive en Caballito, Bs As. De chica soñaba con ser bailarina, actriz o médica -como su padre-. A los 8 años le regalaron su primer caballete y una caja de pasteles.

"Cuando era chica me gustaba ir a museos, mirar los libros de anatomía que guardaba mi padre. Por suerte pude hacer de todo, excepto la medicina forense, lo más cerca que llegué fue a jugar en la morgue de un hospital abandonado que había a la vuelta de mi casa".

Estudió en la escuela Superior Ernesto de La Carcova y realizó algunos de sus talleres con los maestros Pablo Suarez y  Mariano Sapia. Expuso muchas de sus obras aquí y en el exterior. Después de especializarse sobre Arte Terapia, enseñó a chicos y mujeres con discapacidades mentales. "Trabajar con chicos  y mujeres con discapacidades me hizo saber que la mejor manera para que alguien progrese es a través del estimulo, la autoconfianza. Yo había hecho unos seminarios de Arte terapia y había armado un equipo con psicólogos y docentes. También las actividades del taller ponen en funcionamiento la habilidad motriz, la creatividad, el acercamiento a lo que nos es desconocido".

"Mi cabeza pinta todo el día, cuando duermo también".

¿Cómo se logra entrar en el medio artístico?

Es difícil entrar en el medio porque muchos espacios están copados por gente snob con pretensión de artistas, que pagan dichos espacios o tienen contactos políticos. "Artistas" que venden moda, si los sacás de pegar brillantina sobre una foto tienen que dedicarse a otra cosa. Siempre hay un "arte oficial", esto al artista de vocación no lo frena,  así de a poco va creciendo en el medio.

Página web: www.florenciafraschina.com.ar

Por Marcos Brugiati

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El poema de hoy

La abandonada

Aún no hace mucho tiempo,
cuando el mundo era un vidrio del color de la dicha, no un puñado de arena,
te mirabas en alguien igual que en un espejo que te embellecía.
Era como asomarte a las veloces aguas de las ilimitadas indulgencias
donde se corregían con un nuevo bautismo los errores,
se llenaban los huecos con una lluvia de oro, se bruñían las faltas,
y alcanzabas la espléndida radiación que adquieren hasta en la noche los milagros.
Imantabas las piedras con pisarlas.
Hubieras apagado conî tu desnudez el plumaje de un ángel.
Y algo rompió el reflejo.
Se rebelaron desde adentro las imágenes.
¿Quién enturbió el azogue?, ¿quién deshizo el embrujo de la transparencia?
Ahora estás a solas frente a unos ojos de tribunal helado que trizan los cristales,
y es como si en un día la intemperie te hubiera desteñido
y el cuchillo del viento hecho jirones y la sombra del sol desheredado.
No puedes ocultar tu pelambre maltrecha, tu mirada de animal en derrota,
ni esas deformaciones que producen las luces violentas en las [amantes repudiadas.
Estás ahí, de pie, sin indulto posible, bajo el azote de la fatalidad,
prisionera del mismo desenlace igual que una heroína en el carro del mito.
Otro cielo sin dioses, otro mundo al que nadie más vendrá
sumergen en las aguas implacables tu imperfección y tu vergüenza.

Olga Orozco

En el revés del cielo (1987)
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