En la otra puerta

La corriente tecnicista: El cubismo

La corriente tecnicista: El cubismo

Se pretende realizar un mayor acercamiento a la definición del cubismo mediante los principios filosóficos que se han venido aplicando a la interpretación del arte del siglo XX.

La técnica de la representación analiza las condiciones de la creación que hacen posible la identificación de la obra con una realidad, de tal forma que se analizan las posiciones relativas de los objetos, su situación espacial; también los trazos necesarios que, vinculados mediante su relación, delimiten las formas que se reflejan; y, finalmente, analiza los elementos que componen bien las objetos considerados, bien la representación realizada.

El cubismo empezó por realizar un análisis de los cuerpos en el que, como el objeto en sí carecía de valor en esa parte del estudio, se simplificaron a sus volúmenes más sencillos. Al cubismo geométrico no le interesa el objeto más que como cuerpo al que debe buscar la forma de establecer su posición dentro de la representación que se hace en la obra previa, en un cuadro que es una superficie plana.

La representación plana que realiza el cubismo es un efecto, el resultado de llevar a cabo un estudio de la obra pictórica que se encontraba en un plano. Esta representación plana la realizan los pintores de otras corrientes, precisamente, porque también están analizando una obra de arte previa. Los cubos que pintaron Braque en L´Estaque y Picasso en Horta del Ebro no pertenecen al período analítico en el que se suelen incluir pues esa etapa estudia otro aspecto, como se verá a continuación.

El cubismo analítico estudia la configuración de las formas. Los objetos tampoco le interesan, lo que nos demuestra dando a toda la obra un color semejante pues, a los efectos del estudio, no le interesan más que las líneas que delimitan las formas representadas pero libres de la relación con las líneas continuas que configurarían el objeto y, en este estudio, en nada se distinguen las líneas de cada objeto de las líneas de los demás.

El cubismo sintético es precisamente lo contrario de los anteriores, le interesa determinar de qué elementos están compuestos los objetos de los que debe ocuparse. Es por ello que el color es ahora esencial, puesto que es el medio más evidente de resaltar los componentes que se han identificado. Una guitarra se presenta con varios colores, cada uno de los cuales identifica, no una forma, no una posición, identifica un elemento del objeto que precisa una representación personalizada. Sin embargo, predominan los colores planos, pues el objeto no interesa como representación, solo como compuesto de elementos y, por ello, ni tan siquiera se precisa una exactitud de la forma, hasta ella carece de importancia en el estudio de las partes.

Posteriormente, por ejemplo en La danza de 1925 o en Músicos con máscaras de 1921, se ocupará de las figuras, o cuerpos, que aparecen representados, continuando un camino que había empezado, demasiado pronto, con Arlequín de 1915, ejecutando una completa representación. Sobre todo, durante los años veinte, emprenderá la labor práctica del uso de la nueva técnica, la de realizar representaciones de la realidad, una vez completado el estudio teórico que le permite tener un absoluto conocimiento de la técnica de representación.

Otros autores se centrarán en la representación, pero el cubismo de Picasso es eminentemente un estudio teórico y, ahora que se conoce el sentido del cubismo, se comprende que Picasso fue mucho más purista y profundo que ninguno porque gozaba de mayor instinto para comprender la labor que se debía realizar en cada etapa, aunque no negamos a Braque sus propios méritos, como el de marcar el camino para estudiar el cubismo sintético.

En el cubismo, que en cuanto análisis de la técnica de representación de la obra es un movimiento perteneciente a una corriente a la que hemos denominado tecnicista, vemos que hay también, casualmente, tres formas: el inicial, el analítico y el sintético, en las que se estudia la geometría, la forma y la composición.

Por Mario Rodríguez Guerras

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Ceremonias

Hubo un tiempo en que nos fijábamos en las hojas secas
en el muro de ceniza y en la noche descalza
y en la luna pálida de tantas destrucciones
y así apostábamos a la melancolía
inconscientes de que ése no era aún nuestro percance
faltaban temporadas de sistemática pobreza
laberintos privados y tristezas de medio pelo

el calvario era ajeno y quedaba lejos
el tamaño de la pena era tan módico como el deleite
nuestros dientes de hambre y nuestras lenguas en celo
funcionaban sin prisa pero funcionaban

las primaveras se nos iban de entre las manos
mirábamos el horizonte sin saber qué pedirle
el crepúsculo se henchía de gallos azules
y el aire era enigmático como un viejo sabihondo

pero una madrugada forzaron las puertas
nos allanaron el desván y la memoria
decidieron por nosotros en mitad de la duda
nos quitaron los fantasmas y los papeles
levantaron un cepo de palabras
y un corral de miedo donde abandonarnos

nos suspendieron el derecho a la tibieza
borraron los presagios con el odio
nos despojaron de la lluvia verde
y del silencio gratis y del amor cribado
nos cortaron en dos con un hacha de invierno

de ese modo tan turbio nos fue revelado
que en realidad no habíamos trajinado por el tedio
sino que éramos inadvertidamente felices
no esplendorosa sino pasablemente ávidos
de amparos lechos soledades perdones

de ese modo tan impropio nos fue dicho
que cualquier otro quebranto era menos que este azote
y tuvieron que aparecer túneles y máscaras y trampas
para que echáramos de menos el letargo cotidiano
las venas de los árboles el caballo a contraluz

¿habremos aprendido el catecismo del rencor
o la rabia se nos irá cayendo como escamas?
¿recordaremos siempre no olvidar
o las franjas de inquina se nos irán pudriendo?
¿almacenaremos para nunca los aborrecimientos
y los sacaremos de la troya a perdonazos?

es claro que ni el rayo ni el rocío tienen prisa
desahucios y bienvenidas esperan su turno
por algo estamos listos para empezar desde cero
y nadie se arrodilla sobre los pámpanos caídos

vamos a merecer cada centímetro de augurio
vamos a abrir caminos a los sobrevivientes
sin guirnaldas pero con respuestas
flamantes y accesibles
vamos a reponer lo mucho que perdimos
vamos a aprovechar lo poco que nos queda

Mario Benedetti

Geografías (1984)
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