En la otra puerta

Del período social. III

Del período social. III

El arte no expresa, como antaño, ni las ideas ni la realidad material ni las leyes de la belleza, solo dice: yo creo, yo puedo crear. El arte de hoy muestra solo que el arte es creación del hombre.

1

En el comienzo de la consciencia de la humanidad era difícil no creer en nada cuando, en el mundo, ocurrían cosas. Y las cosas requerían de una explicación para tranquilidad de la mente humana que quiere respuestas. Lo innegable, para el hombre, eran los sucesos externos y sus dudas internas. En un afán por descubrir la verdad, se mezclaron el interés por comprender el orden de las cosas y el interés personal. Hasta dónde el hechicero conocía la verdad por su contacto con los dioses y hasta dónde buscaba impresionar y dominar a sus iguales, para establecer diferencias y jerarquías, lo podemos entender por comparación con lo que ocurre en la política de cualquier tiempo y, con mayor claridad, en el nuestro. El poder, en este mundo, no se ha fragmentado, lo que ocurre es que cada institución ejerce un poder, por lo que el poder se ha multiplicado. El individuo está dominado por las normas de unos clanes y, a su vez, domina a través de los clanes a los que se adhiere. Cada clan ejerce el poder de forma que garantice su pervivencia y obtenga las mejores condiciones posibles en nuestra sociedad. La verdad no es el principio de su proceder, el principio es su beneficio. Pero no se puede expresar de esa forma, el clan debe justificar su existencia y manifestación de acuerdo con una forma aceptada de pensamiento, la que regula su época. Esta es la falsedad que el mundo nos ofrece.



Ashim D’Silva

Inicialmente, el poder era una facultad delegada de los poderes sobrenaturales porque eso era aceptable, pues tenía que haber una explicación para lo que acontecía y solo se encontraba esa; a parte de ella, no había “nada ”. La evolución de la justificación del poder siguió el mismo desarrollo que hemos visto en el teatro griego, en la explicación del origen de la religión del mundo y en el origen de la nueva sociedad socializante.

2

Ninguna forma imperante de pensamiento –pues las demás formas coexisten con la principal, ya que todas son capacidades humanas que, en mayor o menor medida, se ejercen; y que, con mayor o menor relevancia, se presentan– alcanza a definir lo universal por lo que, cualquiera de ellas es imperfecta por presentar un conocimiento parcial de la verdad.

Así que, el hombre prefiere “la nada”  a “nada” ya que “la nada” ofrece una explicación parcial frente a una “nada” que no ofrece explicación alguna y que no satisface la inquietud o curiosidad intelectual del ser humano. El conocimiento es una fuerza de la naturaleza que, lo mismo que la gravedad, el magnetismo o la vida, exige manifestarse, por lo que, el ser pensante acabará por pensar, aunque, lo mismo que la gravedad, actuará, condicionado, de forma ciega y cometerá errores, aunque, también aciertos.

El conjunto de la historia ofrece esa verdad pero el hombre no puede abarcar la comprensión del conjunto del conocimiento histórico. En cada época, además, las injusticias serán mayores que las justicias, ya que la afirmación de un punto de vista supone negar la de varios otros, y, con la intención de remediar los errores, se van sustituyendo, sucesivamente, los principios del conocer, hasta que, agotados, se acabe una era y comience otra que, como se ve a lo largo de la historia, ocupará una región terrenal diferente, con lo que el mundo occidental caerá bajo el dominio de otra cultura.



Stein Egil Liland

3

Ahora, nos encontramos en el último período de una era en la que se presiente ese final, al negar “la nada” que ha sido creada, y se percibe al creador, al ser humano.

El hombre mira dentro, por lo tanto, ve con una mirada subjetiva, pero ve una verdad existencial, la misma que se ha mirado siempre, pero desde otro ángulo. Toda creación anterior ha sido obra del mismo ser, pero la búsqueda de la verdad puede ser un interés y eso se interpreta como no interesado. Si Schopenhauer decía que el hombre vulgar solo busca en las cosas la relación con su voluntad, el conocimiento de las cosas que no posee esa relación con el conocedor es el conocimiento objetivo. Ahora bien, la ciencia ofrece un conocimiento que se denomina objetivo pero debido, exclusivamente, a la forma de adquirirle. Una verdad objetiva lo es por la independencia con esa voluntad del pensador. Los conceptos de lo “objetivo” y del “interés” tienen aplicación en dos campos distintos y tienen dos significados diferentes. Lo objetivo puede ser la forma de conocer y puede ser el tipo de conocimiento alcanzado. El interés puede ser el motivo de la búsqueda de un conocimiento o el beneficio personal que se persigue.

La humanidad ha perseguido un interés objetivo y le ha presentado de varias formas, una de ellas, mediante la objetividad científica, otras, han sido, la comprensión de los universales y el entendimiento de la esencia del mundo material. Agotado el interés objetivo, se procede, consecuentemente, a presentar lo que queda por analizar, el interés subjetivo que no es ni mayor ni menor verdad que ninguna de las demás verdades anteriormente perseguidas.

4

Este hombre se percata de que “todo ” ha sido creación suya, él es el creador y, lo mismo que creó “esto” pudo haber creado “aquello” y este hombre dice que nada de ello es verdad, que el origen de “la nada” ha sido su capacidad de creación; y eso es lo que expresa este tiempo, la capacidad de creación, y no importa lo que se cree, importa el hecho de crear. Así, el arte no expresa, como antaño, ni las ideas ni la realidad material ni las leyes de la belleza, solo dice: yo creo , yo puedo crear .



Mihai Stefan

El arte de hoy muestra solo que el arte es creación del hombre, las demás cuestiones ya han sido analizadas en su período correspondiente. De la misma forma, la interpretación de la obra es cosa del hombre y, así, cada individuo puede presentar su punto de vista, su opinión carente de criterio, sobre un libro o una pintura; o sobre el bien y el mal; porque lo esencial no es la verdad, lo que se debe hacer, en este momento cultural, solo es expresar la capacidad de pensamiento del hombre.

Al contrario de lo que pensaba Prometeo, que a los hombres él podía crearlos, y a los dioses olímpicos, al menos, aniquilarlos, el hombre social, percatado de su fuerza, piensa que, si a los dioses él podía créalos, a los hombres bien podría aniquilarlos. ¡Y, por Dios, que lo hace!

Por Mario Rodríguez Guerras

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El poema de hoy

Versos de catorce

A mi ciudad de patios cóncavos como cántaros
y de calles que surcan las leguas como un vuelo,
a mi ciudad de esquinas con aureola de ocaso
y arrabales azules, hechos de firmamento,

a mi ciudad que se abre clara como una pampa,
yo volví de las tierras antiguas del naciente
y recobré sus casas y la luz de sus casas
y esa modesta luz que urgen los almacenes

y supe en las orillas, del querer, que es de todos
y a punta de poniente desangré el pecho en salmos
y canté la aceptada costumbre de estar solo
y el retazo de pampa colorada de un patio.

Dije las calesitas, noria de los domingos
y el paredón que agrieta la sombra de un paraíso,
y el destino que acecha tácito, en el cuchillo,
y la noche olorosa como un mate curado.

Yo presentí la entraña de la voz las orillas,
palabra que en la tierra pone el azar del agua
y que da a las afueras su aventura infinita
y a los vagos campitos un sentido de playa.

Así voy devolviéndole a Dios unos centavos
del caudal infinito que me pone en las manos.

Jorge Luis Borges

Luna de enfrente (1925)
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