En la otra puerta

Del período social. II

Del período social. II

Vivimos en una era racional en la que se ha manifestado un período social, con una etapa especialmente socializante, que rechaza el poder –y hasta lo desprecia–, pero, únicamente, el poder que no está en sus manos.

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El deseo actual del mundo es el de cuestionar las estructuras sociales. Pero no caigamos en el error de pensar que la sociedad desea una especie de refundación, vivimos en una era racional en la que se ha manifestado un período social, con una etapa especialmente socializante, que rechaza el poder –y hasta lo desprecia–, pero, únicamente, el poder que no está en sus manos.

© Ed Robertson

Dicho esto, no podemos esperar ni mayor justicia ni mayor injusticia que la disfrutada o sufrida, respectivamente, en otros períodos de nuestra historia. Al contrario, la actuación de los hombres en las redes sociales, la violencia que ejercen los menores bienes educados y los conceptos de justicia que defienden los hombres corrientes, son motivos más que suficientes para dudar de que, realmente, se vayan a solucionar los problemas existentes.

© Ed Robertson

Como siempre se ha hecho, se aplicarán medidas políticas que en nada mejorarán la situación real porque no mejorarán al ser humano, y, así, se creará la sensación de haber resuelto el problema con esa simple intervención (más cárcel, más multas…) sin haber hecho nada.

© Ed Robertson

La contrapartida, como siempre, será la aparición de nuevos problemas que no se querrán ver ni se querrán solucionar porque intentarlo supondría cuestionar el modelo social que se ha implantado y nadie quiere tal cosa, al menos, no los nuevos poderosos cuyo interés es el de detentar el poder para su beneficio personal. Hoy, el político ama su cargo como nunca por los beneficios que le reporta y vemos cuánto le cuesta dimitir al político cuya actuación se ha cuestionado.

© Ed Robertson

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Ejemplo paradigmático del concepto de justicia del nuevo hombre social es la película Mystic river , en la que el padre de un joven asesinado se toma la justicia por su mano y no reaccionan ni la mujer de su víctima ni la suya propia ni su amigo policía que tienen constancia de ese delito y, cuando, para colmo, todos ellos saben que su víctima no fue el asesino.

© Ed Robertson

En los mismos términos se pronuncia la película El secreto de una obsesión (Secret in their eyes, de Billy Ray, 2015), en la que una policía, madre de una niña asesinada, atrapa al responsable y le encierra en su granero durante años, sin entregarle a la justicia. Cuando su compañero policía se entera de lo que ha hecho, “libera” a la madre de esa cruz convenciéndola para que le mate y, entre los dos, le entierran en su jardín.

© Ed Robertson

Este nuevo hombre del poder social establece sus propias normas sobre el bien y el mal. Con la lógica que hemos indicado que posee, entiende que lo que él decida es bueno y que, lo que le perjudique, es malo . En consecuencia, se siente legitimado para causar daño a otros por el mero hecho de haberse considerado bueno. El bueno, entonces, no se diferencia del malo, salvo desde la posición perspectivista del pillo y, con sus actos, legitima lo mismo que con ellos parece condenar. En esa sociedad idealizada, resulta que el mal está justificado y su pensamiento lleno de contradicciones.

© Ed Robertson

Si lo único que podemos esperar de este nuevo hombre no es otra cosa que la liberación de sus pasiones , mejor volvamos al tiempo de los reyes y de los dioses que ponían normas para todos y que, si se cuidaban mucho de  defender sus intereses, teníamos la ventaja de que sólo soportábamos a un rey y a un emperador; hoy, en cambio, tenemos siete mil millones de regentes y siete mil millones de leyes.

© Ed Robertson

Lo que encontramos en esta situación descrita es la maldad del hombre bueno . El hombre social, de reciente aparición, se cree en posesión de la verdad; cualquier cosa que piense es un valor universal, no una interpretación egoísta.

© Ed Robertson

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Esta creencia en una espontánea clarividencia del ser natural se refleja en la creencia de que un mono o un niño son capaces de realizar una creación artística porque son capaces de llenar un lienzo con pintura de colores. El desconocimiento de lo que es el arte abstracto, no precisamente una mera acumulación de pigmentos sin sentido alguno, le hace pensar al ignorante pero poderoso ser social que aquello tiene un valor artístico.

© Ed Robertson

De la misma forma, vemos cómo la sociedad ingenua busca respuestas a preguntas, unas fáciles y otras más complejas, interrogando a niños , como si la comprensión, por  la que  los niños aprenden, fuera suficiente, por sí sola y sin ningún otro tipo de datos o de principios, para ofrecer una verdad. 

© Ed Robertson

El presente guarda semejanza con el pasado por este acercamiento a la verdad a través de la magia , es decir, de la intervención del hechicero , del consumo de alucinógenos o de la interpretación de ciertos signos; en el caso del pasado, por desconocer la lógica; en el caso del presente, por renunciar a  la lógica ya que se identifica lógica con poder terrenal y celestial. Ahora bien, por el poder que detenta este individuo, tiene capacidad para defender su postura con argumentos lógicos (razones), materiales (fuerza y violencia física y verbal) o espirituales (dioses, espíritus, percepciones…), como si, por otra parte, no los hubiera cuestionado todos cuando otros los utilizaban.

© Ed Robertson

El caso es que estas inconsistencias sobre el valor del arte y de la lógica guardan una coherencia con el pensamiento del hombre que ha renunciado a los valores tradicionales .  El tiempo actual reniega de lo ofrecido por el pasado y lo hace de forma irracional rechazando violentamente lo que huele a tradición . Entonces, con esa coherencia, intenta, por ejemplo, redefinir el arte, resultando que arte es aquello que a un hombre actual le parece que es artístico, como justo es aquello que le parece justo, simplemente por ese “parecer”, pues el hombre natural es hoy el rey de la sociedad –o eso quiere pensar porque, al final, sigue sometido a las instituciones políticas, económicas y sociales, solo que todas ellas han tenido que adaptarse a esta nueva forma de entenderse las relaciones sociales.

En este hombre, se mezcla la ingenuidad con la violencia, una combinación muy característica de los hombres sin valores, que es lo que el futuro nos ofrece, en congruencia con el deseo de destruir toda estructura cultural, política, social y económica en las formas conocidas, llevando a la disolución de un mundo que ha demostrado sus injusticias.

© Ed Robertson

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La teoría del arte ha seguido un camino similar a la evolución de los valores sociales . La teoría del arte ya no necesita de una explicación racional y objetiva, basta con que la explicación tenga una forma racional y que esa teoría esté defendida por “uno de los nuestros ”. La verdad no importa, lo que se impone en la sociedad es la postura del más fuerte .

Ninguna teoría del arte ha sido tal, es decir, los sabios no nos ofrecen teorías sino tesis o hipótesis , partiendo de descripciones que no analizan adecuadamente su origen. No es la forma la que determina la naturaleza de las cosas y ni tan siquiera su esencia sirve para ese fin. El fundamento del arte se determina por la comprensión de su origen, nunca por  la forma de su manifestación. El conocimiento no necesariamente parte de la razón, como no parte de la ingenuidad natural del pensador.

© Ed Robertson

Pudiera parecer que ya no importa alcanzar una verdad , pues el momento actual ha barrido de un plumazo cualquier orden y, lo que es peor, el derecho a buscar una verdad, pero eso no le importa al hombre actual, o mejor dicho, al defensor de los valores actuales. De la misma forma que, en el pasado, había oposición a los poderes establecidos, hoy, también, hay una ligerísima oposición a la falta de valores que tiene a bien dejarse ver pues, por ejemplo, la medicina, la justicia y la ley no podrán ser efectivas si se les negara el derecho a ser objetivas y, eso, el ser social no puede negarlo, al menos, no en todos los casos, no en los casos en los que él mismo se vea afectado y desee una solución a sus problemas.

© Ed Robertson

La nueva conciencia se enfrenta a las mismas contradicciones que reprocha a los tiempos pasados y, como aquellos, ni lo admitirá ni lo corregirá , no es posible hacerlo, solo es posible cambiar el principio imperante, pero hay que esperar a que este agote todas sus manifestaciones y se demuestren sus defectos .

Imágenes de © Ed Robertson prohibida su reproducción.

 

 

Por Mario Rodríguez Guerras

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Sobre la cama dejo una boca blanca
Aún quedan palabras en la almohada
Un color azul en el espejo
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Un puré con gusto a árbol
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Ricardo Cardone

Los lados oscuros (2024)
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