3 de diciembre de 1999
Muere Enrique Cadícamo
¡Qué noche llena de hastío y de frío!
El viento trae un extraño lamento.
Parece un pozo de sombras la noche
y yo en las sombras camino muy lento.
Mientras tanto la garúa
se acentúa
con sus púas
en mi corazón...
En esta noche tan fría y tan mía
pensando siempre en lo mismo, me abismo
y aunque quiera arrancarla,
desecharla
y olvidarla
la recuerdo más.
¡Garúa!
Solo y triste por la acera
va este corazón transido
con tristeza de tapera.
Sintiendo tu hielo,
porque aquella, con su olvido,
hoy le ha abierto una gotera.
¡Perdido!
Como un duende que en la sombra
más la busca y más la nombra...
Garúa... tristeza...
¡Hasta el cielo se ha puesto a llorar!
¡Qué noche llena de hastío y de frío!
No se ve a nadie cruzar por la esquina.
Sobre la calle, la hilera de focos
lustra el asfalto con luz mortecina.
Y yo voy como un descarte,
siempre solo,
siempre aparte,
recordándote.
Las gotas caen en el charco de mi alma
hasta los huesos calado y helado
y humillando este tormento
todavía pasa el viento
empujándome.
Garúa, Enrique Cadícamo
Enrique Domingo Cadícamo nació en Luján (provincia de Buenos Aires) el 16 de julio de 1900.
En 1926 publicó un libro de versos (Canciones grises) de ascendencia lugoniana. No siguió por el camino de las letras convencionales a pesar de estar sobradamente dotado para ellas.
Cadícamo prefirió el arte popular y no tardó en convertirse en uno de los más fecundos autores de tango. Gardel le grabó veintitrés en el lapso de seis años.
Su obra se caracteriza por una calidad poética pareja que se mantiene intacta en sus libros de versos. No sólo es poeta, sino también literato.
Además de su extensa producción de letras de tango, es autor de La luna del bajo fondo (1940), un volumen con lenguaje arrabalero en cuyas páginas demuestra su admiración por Leopoldo Lugones; Viento que lleva y trae (1945), una crónica del tango compilada en poemas de gran fuerza evocativa y los sainetes: El romance de dos vagos (1924) y La baba del diablo (1930).
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