El 24 de febrero de 1815, el vigía de Nuestra Señora de la Guarda dio la señal de que se hallaba a la vista el bergantín El Faraón procedente de Esmirna, Trieste y Nápoles. Como suele hacerse en tales casos, salió inmediatamente en su busca un práctico, que pasó por delante del castillo de If y subió a bordo del buque entre la isla de Rión y el cabo Mongión. En un instante, y también como de costumbre, se llenó de curiosos la plataforma del castillo de San Juan, porque en Marsella se daba gran importancia a la llegada de un buque y sobre todo si le sucedía lo que al Faraón, cuyo casco había salido de los astilleros de la antigua Focia y pertenecía a un naviero de la ciudad.
El Conde de Montecristo (fragmento), Alejandro Dumas
Un silencio atroz abre mis ojos
Una mañana atroz como la primera
Nacer es olvidar que algo he perdido
Algo como vida eterna
Después vendrán promesas
Y muerte en todas partes
Un bastón con forma de esperanza
Y el día siguiente como anzuelo
Nací vacío de memoria
La boca abierta y los ojos húmedos
Una voz me habló de un pasado
Y de alguien que nunca fui ni seré
Harto de recuerdos la noche me rescata
A mi oído canta su canto de sirenas
Con qué sueño se teje la muerte
Este sueño no me deja despertar