18 de enero de 1936
Muere Rudyard Kipling
Findlayson, Ingeniero Jefe, giró en su vagoneta y contempló el aspecto del paisaje que él había cambiado en siete millas a la redonda. Miró hacia atrás a la aldea bulliciosa de sus cinco mil obreros; río arriba y río abajo, hacia las perspectivas de salientes y arena; por encima del río hasta los pilares más alejados, apenas visibles por la calima; hacia arriba, a las torres de guardia –y sólo él sabía lo fuertes que eran– y con un suspiro de satisfacción vio que su obra era buena. Allí, delante de él, se alzaba su puente a la luz del sol. Le faltaban sólo unas semanas de trabajo en las vigas de los tres pilares centrales. Su puente, crudo y feo como el pecado original, pero lo suficiente pukka –permanente– como para perdurar cuando todo recuerdo del constructor, incluso el espléndido entramado Findlayson, hubiera perecido. Prácticamente, la cosa estaba hecha.
Los constructores de puentes, Rudyard Kipling
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