No estoy.
No la conozco.
No quiero conocerla.
Me repugna lo hueco,
la afición al misterio,
el culto a la ceniza,
a cuanto se disgrega.
Jamás he mantenido contacto con lo inerte.
Si de algo he renegado es de la indiferencia.
No aspiro a transmutarme,
ni me tienta el reposo.
Todavía me intrigan el absurdo, la gracia.
No estoy para lo inmóvil,
para lo inhabitado.
Cuando venga a buscarme,
díganle:
"se ha mudado".
Visita, Oliverio Girondo
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La soledad es una rosa que calla
Es negro el misterio de su boca muda
Sólo se abre frente al viento breve
Pétalo tras labio
Es baño de luna y de noche
Es rocío inseguro que cae
Rocío que nace del silencio turbio
Golpe tras gota
Muerde sus labios bajo las estrellas
Pura ausencia padece su tallo
Hiere a la mano que acaricia
Piel tras dolor
Nadie manchará sus pétalos
La soledad es silencio o nada
Es labio que muere al sol
Boca que se seca
Espina tras espina