La horrible conclusión que se había ido abriendo camino en mi espíritu de manera gradual era ahora una terrible certeza. Estaba perdido por completo, perdido sin esperanza en el amplio y laberíntico recinto de la caverna de Mammoth. Dirigiese adonde dirigiese mi esforzada vista, no podía encontrar ningún objeto que me sirviese de punto de referencia para alcanzar el camino de salida. No podía mi razón albergar la más ligera esperanza de volver jamás a contemplar la bendita luz del día, ni de pasear por los agradables valles y colinas del hermoso mundo exterior. La esperanza se había desvanecido. A pesar de todo, educado como estaba por una vida entera de estudios filosóficos, obtuve una satisfacción no pequeña de mi conducta desapasionada; porque, aunque había leído con frecuencia sobre el salvaje frenesí en el que caían las víctimas de situaciones similares, no experimenté nada de esto, sino que permanecí tranquilo tan pronto como comprendí que estaba perdido.
La bestia en la cueva, H.P.Lovecraft.
Tanto va la partícula al uranio que al final se parte como un óvulo
La razón es inmutable hasta que la voz
cava una herida
Ya no hay corazón que la pena rompa
Por cualquier tormento el alma estalla
Tanto va el alma al cuerpo que al final
se quiebra como un cántaro
Se quiebra en partes que otra vez se quiebran
Al azar golpean contra el núcleo que corrompen
Hasta que el cuerpo flagelado no es más cuerpo
Todo comienza con un núcleo que se parte
Un corazón que se deshace a golpes
Un átomo de uranio
Y la tierra es espejo donde se mira el hombre
Un terreno baldío que sin leña arde
Un corazón frío que no late