Una gota de sangre en la sal es un repentino silencio, una repulsión atroz, una desilusión interminable. Una gota de sal en la sangre es un grito que nadie escucha, el dolor de esa desilusión, la boca hambrienta de esta soledad. Que nadie busque en mi sangre el primer desvelo, el rayo de ilusión, la ruptura de la espera, la gota de sal. Nada más que un río de abandono corre por mi sangre y nada más correrá cuando muera devorado por las fieras que abren heridas y que abren fuego. Nada habrá en mi sangre porque ya no será mía. Será de todos y será de nadie. Dejará de ser un río que se pierde bajo un manto de piedras afiladas. Seguirá su cauce y caerá al despeñadero donde la sal es río y la sangre es una gota más.
Un perro
Nada que miran los ojos
Vacíos estantes vacías arañas
De hambre muerta la pared
De hambre un pez por la boca
Nada que oyen los ojos
Nada más que aire viento aire
Restos de voces lamidas por los perros
Deseos vacíos con sabor a barro
Nada en este cuarto huele a niño
Vientos soplan años y promesas
La ilusión es una pared vacía
Una ampolla de arena me arrojó a esta casa
Un tiempo vacío de luz cae sobre mí
Arena que cae como polvo de mármol