El hermoso edificio del Teatro Regio en la Avenida Córdoba 6056, en el límite entre los barrios de Chacarita y Colegiales, fue inaugurado el 24 de mayo de 1929, por iniciativa de un acaudalado empresario residente en la zona que deseaba enriquecerla culturalmente. Ostenta una línea arquitectónica inspirada en el estilo barroco español, y cuenta con un techo corredizo, particularidad que tenían muchas salas construidas en los años '30 y '40 para paliar las altas temperaturas del verano. Cuenta con una platea baja de 439 butacas y una platea alta de 150 localidades y 18 palcos con cuatro ubicaciones cada uno, lo que hace una capacidad total de 661 localidades.
El nombre "Regio" le fue asignado -mediante concurso- por sus propios destinatarios, los vecinos del barrio. Sostienen los memoriosos que su escenario fue testigo de matchs de box, de la actuación de figuras destacadas del tango, como Carlos Gardel y Azucena Maizani, y de recordados grupos de variedades. El teatro fue adquirido luego por la empresa Lococo, que lo incorporó a su cadena de salas cinematográficas, en los intervalos de cuyas funciones se realizaban los recordados "números en vivo". Años más tarde, la fundación Majdalani, que por entonces detentaba su propiedad, cedió el uso de la sala a la Municipalidad de Buenos Aires. Rebautizado con el nombre de Teatro de las Provincias, se lo destinó a espectáculos originados en diversos puntos del país. Al integrarse en la Organización Teatral Presidente Alvear, en la década del 80, se le anexaron tres casas linderas para ser acondicionadas como talleres técnicos. Cuando en 1991 pasó a formar parte del Complejo Teatral Enrique Santos Discépolo, el director del mismo, Cernadas Lamadrid, le devolvió al teatro el nombre "Regio", con el que los vecinos nunca dejaron de identificarlo. En 1999 se procedió a una restauración integral de la sala, y en el año 2000 el Regio se integró en el Complejo Teatral de Buenos Aires,
El no cae
desde su cielo
precipita un sin destino
cae
anticipa el aire
se acelera
se retuerce
y cae
El no cae
por peso propio
aliviado
desterrado
olvidado
cae
Se fragmenta
en otros
en muchos
en astillados no
me toques –no
te quiero –no
me importa
no
El no cae
desde su infierno
cae
a un sin destino
a la sal en la arena
y se espanta
se eleva
como una escasa bruma
como nubes inminentes
como aire aún violento
como no obsesivo
como no cegado
como no absoluto
absolutamente no
El no asciende
se desclava del helio
se inunda a tres mil metros
desgarra el viento en dos sílabas
congela su cielo
ese sólido cielo
ese sólido no
y se fragmenta
en otros
en muchos
en agonizantes no
me olvides –no
me ignores –no
me dejes –no
te vayas
no
El no sube
ella no