La Usina del Arte es un centro cultural multidisciplinario ubicado en Agustín Caffarena 1, esquina Av. Pedro de Mendoza, en el barrio de La Boca.
Declarado patrimonio histórico de la ciudad, este edificio de arquitectura renacentista y florentina fue construido para albergar la Compañía Italo Argentina de Electricidad. Hoy, destina sus más de 15.000 metros cuadrados a la cultura de la Ciudad de Buenos Aires.
LA USINA, 1916
Ubicada en la Avenida Pedro de Mendoza entre Agustín Caffarena y la Avenida Benito Pérez Galdós con acceso por Caffarena al 1, en el barrio de La Boca, fue construida por la Compañía Italo Argentina de Electricidad con proyecto del arquitecto J. Chiogna. Los trabajos para la construcción empezaron a mediados del año 1914, y fue puesta en servicio en los primeros días de enero de 1916. Tuvo sucesivas ampliaciones en los años 1919 y 1921 para aumentar el suministro de energía eléctrica que demandaban los establecimientos fabriles instalados en una ciudad que, además, crecía aceleradamente, y debido también a la electrificación de las redes tranviarias. La usina ocupa una superficie de terreno de 7.500 m2; su morfología y materialidad tienen reminiscencias de un palacio florentino.
La usina tenía una dotación de 12 calderas productoras de vapor a través de la combustión de petróleo, vapor que impulsaba a las turbinas de generación de energía que alcanzaban a 5 unidades. Las calderas ocupaban el recinto de la nave mayor y los turbo-generadores la nave contigua de menor tamaño. El agua de refrigeración se captaba desde la Dársena Sud por medio de tomas bajo nivel con filtros. A través de un canal de descarga el agua volvía al río. Un sistema de bombas accionadas por turbinas a vapor impulsaba el movimiento de circulación del líquido. La provisión de combustibles estaba asegurada desde la misma Dársena por una cañería que conectaba la usina con las lanchas que lo transportaban. Durante períodos de escasez se quemaron otros combustibles como carbón, maíz, luego fuel-oil y finalmente gas. Las chimeneas que coronaban el edificio humeaban constantemente, a pesar que parte de los locales auxiliares del edificio estaban destinados al personal técnico y de administración, y a las viviendas de altos jefes y funcionarios de la empresa.
La usina fue proveedora de empleo durante muchos años a la oferta de mano de obra localizada en este barrio. Luego de la venta por sus propietarios al Estado Nacional, se incorporó a SEGBA quien a su vez la transfirió a EDESUR. Más tarde fue operada por la firma metalúrgica ACINDAR, hasta que en 1997 esta última decidió liquidarla debido a la sobreoferta energética y a los costos operativos de la Central. Sus instalaciones fueron desmanteladas y vendidos sus componentes.
Finalmente el GCBA adquirió el bien con el objetivo de salvaguardar un bien de gran valor patrimonial, cultural y arquitectónico para la ciudad, revitalizar la vinculación estratégica de Puerto Madero con la ribera boquense y dotar a la Ciudad de Buenos Aires de un nuevo centro cultural de perfil internacional.
Fuiste recubriéndome
mármol de furia y pena
pedestal de hielo
deshojándome en espinas
en pétalos exactos
en piedra movediza
en claves de mí
Fuiste derritiéndome
tallo a tallo
asfixiando las haches
respirando bronces agitados
aire rancio
agónicos silencios de cursivas
Fuiste negra blanca y fusa
amalgama
tres compases
un cielo a cuatro espacios
infierno en cinco líneas
silencio de redonda
cincel en si bemol
Talabas cada letra –cada músculo–
transcribiste un do en menores
un tres por cuatro
aliviaste una nota –la primera–
acentuaste otra nota –la olvidaste–
elegiste el cincel como palabra
el martillo una vez
y otra vez
y otra más
Golpeabas cada letra con mi nombre
la armonía de la roca deformada
–el hielo en andante–
rescataste mi boca
mi cuello de sílice
mis dedos intactos
músculos convexos
–mineral revelado–
relevado y converso
transportado
a tu lengua
Olvidaste el líquido –la piedra–
la pared uniforme
la incisión primera
la magnífica obertura de los labios
el color amarillo
lentamente
el color amarillo
y me cubriste de forma
–sin arcilla–
colosal y desnudo
–sin arcilla–
como un desierto en otoño
lentamente
en otoño
Quebrantaste la furia –las piernas–
tu deseo de única
y giraste aliviada
tan creadora y tan dueña
yo, de mí,
tan perfecto y esclavo
de unos dedos de artista
manos en gubias que huelen
a vacíos paréntesis
a inmóviles ocres
a disonantes duetos
en claves de mí
Huele a mármol
ahora huele a mármol
a tiempo asimétrico
a lluvia de erres
a tinta esparcida
Huele a huesos tallados
a notas ligadas al óleo
a tiempo fuerte pasado
a tiempo débil presente
Pero la oración era otra
el bloque aún misterio
mi cuerpo tu mente
solo de piano tus manos
subrayándote a tiempo
golpe a golpe –al unísono–
el tallo inminente
la raíz desterrada
La oración era otra
destallabas palabras
buscabas savia en el verde
–en el mármol–
desconocías la piedra
te licuabas en notas
en metros
en centímetros
si es que estabas
o no
Me veías humano –tan piedra–
conjugabas mis músculos
descubriste el espejo
el velo descorrido
la quinta aumentada
el cincel en el piso
el punto y aparte
tus brazos pulidos
tus ojos concéntricos
–el túnel–
tu mano en la piedra
–el lienzo–
el ocre en tu pecho
–los ocres–
No he podido imitarte
tallarte en el aire
quitarte la piedra
preferirte en bemoles
subirte una escala
–las eses por ces–
escribirte en mayúsculas
en puntos suspensivos
en cuerdas sostenidas
en mi mayor
Un conjunto de verdes
amarillos y otoño
te descorren el velo
el mármol por lienzo
el cincel por pincel
y mis dedos –martillos–
en colores ahogados
sobre el blanco dibujan
tus manos de piedra
tu cuerpo de ocre
tus ojos cerrados
azules cerrados
quemando las horas
frente a un mismo espejo
golpeando la piedra
–el hielo–
tallándome.