Era 1931. La ciudad despertaba a un nuevo proyecto, el de delimitarse a sí misma con una avenida de circunvalación, que ya tenía ruidosos colectivos, transeúntes con traje y sombrero, y un proyecto tan extraño como el nombre, construir un obelisco. En ese año, en una esquina más de Villa Urquiza, nacía El Faro, tal vez por una reminiscencia portuaria del inmigrante que cuando llegaba a la ciudad lo primero que veía eran "las luces malas del centro" (Tango dixit), tal vez porque era un faro de esperanza en aquellos tiempos arduos. Ahí está, firme, calladito, casi en su estado original, desde 1931, dando el consabido menú del día, el diario y unos shows de Tango auténtico, que literalmente están haciendo historia por lo que significan para la Ciudad y el barrio, por el movimiento de seguidores que lo atestan todas las funciones, anunciadas en pizarra, dos o tres veces por mes. Así, por estirpe y por Tango, El Faro es Café Notable de la notable Ciudad de Buenos Aires.
Como tantos otros bares, El Faro es la ilusión de sus nuevos dueños, que no sólo mantienen el espíritu original, sino que incentivan la vida tanguera y barrial de El Faro con shows, peñas de tango y una comida casera y bien porteña.
Qué culpa oculta este paraíso
Qué hueso hay que sembrar
De todas mis costillas saldrán todas mis mujeres
Y en todas me quebraré
Esta gruta me protege
Caen sobre mí ríos de lava
Atormentados muros me cobijan
Crece el bosque que cubre al árbol
Edén inmóvil
Dame una tregua que calle a estas voces
Dame el silencio y dame el reposo
Frío edén
Dame una mujer que cave mi cuerpo
Como esta gruta que arde