El 4 de marzo de 1907 se dictó el Decreto Orgánico, durante la presidencia del Doctor José Figueroa Alcorta, por el cual se creó el Liceo Nacional de Señoritas, con el fin de concentrar en un solo instituto la población escolar femenina de los colegios nacionales de la capital.
Al cumplir los 25 años de su fundación, el presidente de la Nación Argentina decretó la designación del nombre de "José Figueroa Alcorta" al Liceo Nacional de Señoritas Nº 1.
Originalmente, el Liceo funcionó en el turno tarde del Colegio Nacional del Sur (actual Nacional Nº 1) en una vieja casona en la calle Piedras 1049. Después de diferentes ubicaciones se instaló en la Avenida Santa Fe 2729. En 1938, ante el aumento de la población escolar fue necesario habilitar una parte complementaria en Santa Fe 2778 creándose así el "Anexo del Liceo".
A partir del año 1974, la Dirección Nacional de Educación Media y Superior decidió incluir al Liceo Nº 1 dentro de un programa educativo destinado a responder a las exigencias dinámicas de un proceso de cambio, conocido como Régimen de Profesores por Cargo (Proyecto 13).
En julio de 1981, el anexo fue demolido, en cuyo predio se levantó su sede definitiva. En el año 1986 comenzó a funcionar definitivamente en Santa Fe 2778, y pasó a denominarse Liceo Nacional Nº 1 (se elimina "de Señoritas") ya que se incorporó la primera promoción de varones.
En 1992, las escuelas pertenecientes a la Nación se descentralizaron. A partir de entonces, nuestro Liceo pasó a depender del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.
Frente a qué lluvia cesará tu último recuerdo
En qué cofre se ahogará tu risa
Qué fue del secreto de tu mano
Qué fue del espejo y su despojo
Es piedra lo que sangra
Es la cicatriz del llanto
El labio del beso adormecido
La sombra que al rostro lava
Muerde el muelle al río que recuerda
Como el oleaje a la obstinada orilla
Ya no hay agua que madure en tierra seca
Este desierto hoy queda como tuyo
Este grano de arena, antes semilla y fruto
Esta estación del tiempo
Donde la urgencia desteje voluntades
Donde el olvido abriga