El Departamento de Artes Dramáticas de la Universidad Nacional de las Artes es heredero de una larga trayectoria que comienza su historia institucional en 1924 con la creación del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, que años después cambió su nombre por el de Conservatorio de Música y Arte Escénico "Carlos López Buchardo", hasta que en 1958 se divide y se crea la Escuela Nacional de Arte Dramático; luego forma parte del Instituto Universitario Nacional del Arte por decreto en 1996, hasta fortalecerse con la creación de la Universidad Nacional de las Artes en 2014.
En 1987 toma el nombre de "Antonio Cunill Cabanellas" (1894-1969), actor, maestro y director de teatro, quien fue además el primer director del Teatro Nacional de la Comedia en el Teatro Cervantes (1935-1941).
Herencia y tradición conviven con las transformaciones y rupturas que parecieran términos opuestos y, sin embargo, son dos conceptos que están presentes y subrayan de alguna manera la identidad e historia de Artes Dramáticas a lo largo de los años.
Artes Dramáticas se transforma así en uno de los espacios de referencia de mayor importancia en el ámbito artístico-académico nacional e internacional, y parte de ese logro es mérito del trabajo conjunto de estudiantes, graduados/as, docentes y nodocentes.
La sede central se encuentra emplazada en la calle French 3614 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Desde su adquisición en 1958 hasta la fecha, se han realizado modificaciones y ampliaciones en el edificio que dan respuesta al continuo crecimiento del Departamento.
Ahora la sed le cuelga de la lengua
Ahora desde hace tanto
Una voz le cuenta un cuento mitológico
De mujeres con escamas
O del cerco de las garras que arrebatan
Otra voz le canta un canto con los pechos
Untados con el brillo de la lira
La sal es un mar siniestro que evoca fatales espejismos
Una voz le nombra un nombre
Mientras quita con los dedos una hebra de su cuello
La flecha envenenada en el talón de Aquiles
Odiseo abre los ojos secos con los pies en la arena
Todos los desiertos fueron agua y ofrenda
Hasta que las lágrimas dejaron de llorar recuerdos