En la esquina de Rivadavia y Paraná se encuentra el teatro más antiguo de la Ciudad aún en pie. Nació en 1872 con el nombre de "El Dorado". Posteriormente tuvo otros nombres y otros propietarios. En 1877 representaba compañías italianas y se llamaba "Goldoni". Otros nombres fueron "Progreso", "Rivadavia" y "Moderno". En el año 1918 tomó su nombre actual. La abundancia de circulante monetario y el centro de atracción popular que eran los teatros hicieron que entre 1880 y 1914 se inauguraran numerosas y suntuosas salas teatrales en Buenos Aires. Testigo de esas épocas es el Teatro Liceo. Entre los artistas que ocuparon su sala por largos años se puede nombrar a Luisa Vehil y a Enrique Pinti. En 1993 corrió peligro de cierre. Eran años aciagos para el teatro. El empresario Carlos Rottemberg se hizo cargo del mismo en ese momento y conservó su nombre tan tradicional en la Ciudad. En el año 1986 el Museo de la Ciudad le otorgó un diploma reconociéndolo como "Testimonio vivo de la memoria de la Ciudad".
Ahora la sed le cuelga de la lengua
Ahora desde hace tanto
Una voz le cuenta un cuento mitológico
De mujeres con escamas
O del cerco de las garras que arrebatan
Otra voz le canta un canto con los pechos
Untados con el brillo de la lira
La sal es un mar siniestro que evoca fatales espejismos
Una voz le nombra un nombre
Mientras quita con los dedos una hebra de su cuello
La flecha envenenada en el talón de Aquiles
Odiseo abre los ojos secos con los pies en la arena
Todos los desiertos fueron agua y ofrenda
Hasta que las lágrimas dejaron de llorar recuerdos