En defensa de la Academia sueca, institución destinada a premiar la buena literatura, es justo reconocer que entre los premiados con el codiciado Nobel ni caben todos los que son, ni existe un criterio objetivo al que atenerse, aunque muchas han sido las voces que han ido más allá y que han apuntado a un sistema de votación politizado y a un reparto de los premios más pensado en términos geográficos que literarios.
Aunque Proust, Kafka o Joyce se encuentran en el núcleo duro de los autores "ignorados" por el máximo galardón literario, la lista de agraviados es larga y en la misma también se han echado tradicionalmente de menos a personajes como los argentinos Jorge Luis Borges o Julio Cortázar, el ruso Vladímir Nabókov o el uruguayo Carlos Onetti.
Nadie duda de que no debe ser fácil para el jurado decidir cada año al autor que haya producido en el campo de la literatura "la obra más destacada en la dirección ideal", deseo expresado en su testamento por el millonario sueco Alfred Nobel, creador de estos prestigiosos galardones, lo que seguramente justifica para el común de los mortales, aunque quizá no para algunos expertos, el que grandes autores clásicos del siglo 20 no hayan estado entre los afortunados premiados.
El primer laureado con el Nobel de Literatura recién iniciado al siglo 20 (1901) fue el francés Sully Prudhomme, con su obra "La Felicidad", una época en la que contemporáneos como Tolstoi o Zola probablemente fueron considerados por el jurado demasiado anarquista el primero y demasiado avanzado para su tiempo el segundo.
Hubo que esperar hasta 1909 para que una mujer estuviese en la lista, correspondiendo tal honor a la sueca Selma Lagerlöf con "El Maravilloso Viaje de Nils Holgersson", quien abrió el camino para que el Nobel consagrase durante todo el siglo a un total de doce féminas, la última de ellas la de este año, la rumano-alemana Herta Müller.
Mucho ha llovido desde entonces, pero a lo largo de más de un siglo, de los cien autores galardonados con el Nobel, 10 lo fueron de habla hispana.
Los homenajeados han sido los españoles José Echegaray y Eizaguirre (1904), Jacinto Benavente (1922), Juan Ramón Jiménez (1956), Vicente Aleixandre (1977) y Camilo José Cela (1989), el guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1967), los chilenos Gabriela Mistral (1945) y Pablo Neruda (1971), el colombiano Gabriel García Márquez (1982) y el mexicano Octavio Paz (1990).
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.