Del cerro vengo bajando, camino y piedra, desliza la descripción de Atahualpa en su memorable zamba. Así da la sensación que llega a cada lugar del mundo el cantor norteño Tomás Lipán. Seguro que el lucimiento personal alcanza con El Antigal que lo eleva al rango de los mejores intérpretes folclóricos de nuestro país, solamente si nombramos una de las más bellas zambas que se haya escuchado jamás.
Viejo conocido del festival, donde actuó en dos ediciones, esta vez vino en el marco del programa de la Secretaría de Cultura de la nación denominado Café Cultura.
La dirección de Cultura y Educación comunal armó un reducto intimista en La Biblio la semana pasada para que una nutrida concurrencia participara de esta charla que fue desnudando la riqueza de un personaje que ha cantado en todo el planeta, siempre teniendo como estandarte su voz profunda y clara, grave y potente y también con su aspecto de hombre bonachón y defensor de sus raíces. Acompañado por sus instrumentos de viento y la querida guitarra.
Luego la interacción con los asistentes que se extendió por casi dos horas, arrancó anécdotas que quedarán en el más lindo recuerdo que puede llevar un artista en conexión con su público.
Cantó también algunas canciones de su repertorio. En definitiva dejó su sello marcado a fuego en una comunidad que ya lo ha adoptado como de su propia entraña.