La tercera noche del XX Festival de La Salamanca, la más concurrida hasta el momento, deparó varias sorpresas en el escenario del Club Sarmiento. Previamente Alberto Plaza había logrado conquistar con sus temas románticos a las más de 20000 personas que se congregaron en el campo y en las gradas del estadio, pero la noche iba a ofrecer más motivos para seguir disfrutando de la música folclórica, porque Los Manseros se iban a hacer presentes para cantar sus temas más recordados con el público.
Un motivo más para celebrar fueron los cincuenta años que están cumpliendo con la música, desde mediados de 1959. Sobre el escenario pudieron escucharse Canto a Monte Quemado, el cual cada vez que ellos visitan aquella ciudad deben cantarlo hasta tres y cuatro veces, y otro muy aclamado fue el Vals Ciudad de La Banda, que como nota original lo tuvo al propio intendente de la ciudad, Héctor Chabay Ruiz cantando en el escenario una versión muy afinada.
Pero la noche de Los Manseros no iba a terminar allí, porque la madrugada aún iba a deparar una sopresa más, Leo Dan, que luego iba a tener su show solista en el festival, fue invitado a cantar tres temas con el grupo. Un momento único y aplaudido hasta rabiar por los allí presentes donde se pudieron escuchar la chacarera Corazón Atamisqueño, con aro incluído, La Otumpeña y para finalizar, a coro con el público, un tema que no podía faltar en la noche santiagueña, Santiago querido.
Cincuenta años de música con Los Manseros que quedaron grabados en las retinas de cada una de las más de 20000 personas que colmaron el estadio en la tercera noche del XX Festival de La Salamanca.
Ricardo Cardone
Enviado especial
Ciego, vuela un avión harto de gula
Ronda el cielo como juez hipócrita
Nube como bosque es el vacío
Todo es niebla allí abajo
Carga en su abdomen la conciencia que lo hostiga
La obediencia libra al hombre de sus actos
Razón por razón, diente por diente
Sangre como bálsamo de sangre
Como hiena merodea en la sabana
Qué hueco surcará el agua en la llanura
Qué grieta habrá que calar en este cielo
Una nube abre su boca de silencio
Desnuda e inocente se entrega una ciudad
Lanza el hombre sin reparos su conciencia