Era ya de madrugada cuando Roxana Carabajal se presentó en el Jacinto Piedra con su grupo folclórico para cantar chacareras, gatos y escondidos ante un estadio colmado que se contagió de la energía que ella puso sobre el escenario.
Se puede decir que Roxana Carabajal es una artista cuyo arte va más allá de su voz, a veces acompañada por su caja, otras por algún instrumento de percusión. Esta noche en el escenario del Club Sarmiento desplegó toda su diversidad y su talento en cada uno de los temas que interpretó. Se dio el gusto de invitar a su primo a cantar y como si eso fuera poco, se puso a bailar entre tema y tema, sin importar que el aire le faltara para la próxima canción. Mucho no importaría porque su fiel amiga, una excelente cantante, iba a tener la oportunidad de cantar por primera vez en La Salamanca y darle un respiro.
Así es Roxana, y en su actuación se le nota esa falta de egoísmo.
Minutos después, ya en la conferencia de prensa, habló de su niñez, de los recuerdos de La Banda y de todo Santiago del Estero y de la importancia de la generación de artistas que surgen con frecuencia de esta provincia.
Ante una pregunta acerca de si tener un repertorio con compromiso social le provocaría algún que otro inconveniente, reafirmó que la música y los músicos deben servir como un canal para que las cuestiones sociales se puedan divulgar, porque son ellos, los músicos, aquellos a los que todos escuchan.
También le dedicó un párrafo a la mujer, su disco habla mucho de este tema, y reafirmó la importancia que tiene en el contexto social, la trascendencia de sus acciones y la satisfacción por ser mamá sin que le pese en su carrera. Dice para sí que es una agradecida de la vida, puede vivir de lo que hace y no pretende más que eso, simplemente disfrutar su arte, cantar, siempre cantar, en algún escenario importante o en alguna guitarreada en una peña, da lo mismo y ver crecer a sus hijos.
Ricardo Cardone
Enviado especial