Siento que soy la cantante más rockera que pueda haber en este tiempo, no importa que lo haga en un estilo añejo. Puedo sonar a Pappo o Janis Joplin haciendo temas de más de 200 años". La frase de Luciana Jury empatiza con su estética, su intensidad para cantar y ese decir criollo y rabioso, como el de una cantora de otro tiempo, arcaica y moderna. Mientras que la propuesta del dúo Orozco-Barrientos, es la perfecta combinación de un audio cuyano y universal, que puede sorprender al más escéptico aficionado a las tonadas mendocinas, al melómano más sofisticado y a los seguidores del rock iniciático de los sesenta. Los mendocinos se presentarán hoy, a las 21, en Espacio 37. La cantante bonaerense actuará pasado mañana, a las 21, en Circe, Fábrica de Arte. Son dos caminos para encontrarse con un folklore visceral y cancionera que tiene guiños a la cultura rock.
Luciana Jury. La voz de esta cantora, sobrina del director de cine Leonardo Favio, es grave y sentimental como Chavela Vargas y Violeta Parra, cuando canta esos estilos camperos olvidados del 1800, que reproduce visceralmente en su último disco La madrugada. Puede sonar fresca cuando aborda con picardía provinciana una cueca o cuando desarma una canción de Rafaela Carrá. Puede sonar trágica y oscura cuando canta un vals de Francisco Canaro, o cuando retoma una canción hipnótica de Lhasa de Sela.La intérprete y guitarrista puede sonar como la más rockera, aunque sea la más criolla de su especie.
Orozco-Barrientos. Este dúo renovó el panorama de la canción cuyana en su región. Su álbum Tinto (un guiño al album blanco de Los Beatles) fue producido artísticamente por Gustavo Santaolalla y resume perfectamente la búsqueda de una identidad regional con un pulso universal: el vino, las fábulas urbanas, la psicodelia del desierto, el amor, el paisaje humano y social y las canciones para el fogón. Eso se puede escuchar en la canción "Carasucia" o "Chilenitas", que proponen un rasgo de identidad cuyana que recrea la mística bohemia de Felix Dardo Palorma, el beat urbano del rock de los setenta como Arco Iris y un sonido de raíz contemporáneo.
Qué será del mustio olor a ser vivo
Qué será del reloj que siempre vuelve a su cuenta
Estas manos no son manos
Y el aire es una tregua entre la arena que cae
Un tiempo muerto antes del despertar
Una muralla de voces me mantiene en alerta
Voces que gritan y voces que callan
Alaridos que desgarran hasta las fauces de los leones
Silencios oscuros y pesados como hormigas
Si somos tierra que vuelve a la tierra
Para qué el tiempo muerto
Esta arena detenida entre tanta urgencia
Este aire vacío de tormento
Qué será del mustio olor a ser vivo
Este reloj vuelve a contar las horas como espadas
Como si no hubiera sangre en el cristal de esta celda
Como si nadie viera que el rojo hilo
llega hasta la arena
Una y otra vez