Habían atravesado un largo camino de casi cinco décadas de insistir con la sencillez que a veces se expresa lo profundo, hasta que la gran multitud, por decisión soberana, los vino a buscar para hacerles sentir el vértigo del afecto.
Y si nunca perdieron de vista el sentido esencial (cantar las cosas que expresan el sentir y el modo de vivir de su cultura regional, de una manera criolla y provinciana de ser), ¿por qué lo habían de hacer ahora, que acaban de sacar el disco número 46? Sí, inmensa trayectoria de un conjunto que Onofre Paz (único fundador de la formación actual) empezó a presentir en 1959 junto a Locadio Torres, y que se convirtió en Los Manseros Santiagueños nada menos que a partir de reunión con Agustín y Carlos Carabajal, a comienzos de la década de 1960.
Corazón de Mansero se llama el disco y lo que pudiera parecer un apelativo de ocasión es en rigor una certera aproximación a la sustancia de un trabajo en el que Los Manseros vuelven a dar cuenta de que son como han sido siempre.
Para empezar, digamos que Onofre, Martín Paz, Alfredo Toledo y Guillermo "Fatiga" Reynoso suenan con la desnudez de tres guitarras y un bombo, sin artificios. Sólo en un par de temas aparecen un bandoneón (Omar Peralta) y un bajo (Hugo Campos). Ni siquiera están los violines que se suman en las presentaciones en vivo. No tiene fisuras la confianza que tienen en lo verdadero de lo que hacen. Digamos que también ese modo despojado permite resaltar el valor que tiene el estilo único que tienen de tocar la chacarera. Y es clave la mano derecha de Onofre, que logra acordes bien robustos haciendo vibrar las cuerdas.
Luego están las voces, y otra vez Onofre, con su timbre, es el destacado, el que le da la nota de la personalidad del conjunto. Los cuatro cantan, y lo hacen con simpleza, buscando no más de dos voces, pero afinan sobre todo el sentimiento. Entonces, si se parecen a Los Manseros de siempre, ¿cuál es el desafío que asumen con el flamante disco? Pues no es menor: son 12 canciones nuevas, inéditas, compuestas en su mayoría por los cuatro, con colaboraciones en letras como las de Juan Carlos Carabajal y Fortunato Ramos.
Las distintas canciones (chacareras, gatos, zambas, vidala) también afinan en una manera de contar: el amor de sencillez natural, como flor de cardón, la nostalgia, los paisajes y la tierra santiagueña. Por siempre Mansero, Mi guitarra en tus manos, El laberinto son algunas de las candidatas al reclamo futuro de esa multitud que busca reconocer su pertenencia en una sustancia viva.
Tierra de abandonados
Almas de hombres que dejaron de ser hombres
Almas de árboles que dejaron de ser árboles
Almas creyentes hartas de ser creyentes
Qué cielo habitan los disconformes
Qué lugar ocupan los sin lugar
Con qué aire sueñan los que duermen bajo tierra
Tierra rodeada de tierra
No conoces el mar que socava las raíces
Otros dominios te protegen
Algunos han llegado a este oasis
Hablan otro idioma
Sueñan otros sueños
Comen tierra como árboles
No respiran