Los trabajos, que están a cargo de la Dirección General de Infraestructura y Mantenimiento Edilicio, consistirán en completar en aproximadamente seis meses la rehabilitación de los cuatro locales comerciales situados sobre la calle Alsina y de tres salas de exposición para el Museo de la Ciudad, ubicadas en la Planta Baja sobre la calle Defensa.
El conjunto de los edificios integrados por la casa conocida como Altos de Elorriaga (Alsina 417-421 esquina Defensa 185-187) y la Casa de María Josefa Ezcurra (Alsina 455-459) fueron construidos alrededor de 1812, constituyendo uno de los pocos y singulares ejemplos representativos de las viviendas del Buenos Aires de mediados del siglo XVIII y primera mitad del XIX, formando parte del patrimonio arquitectónico del Casco Histórico de nuestra ciudad.
Los Altos de Elorriaga, que pertenecieran a Juan Bautista Elorriaga, son parte además del conjunto testimonial de la calle Adolfo Alsina al 400, junto con la casa de María Josefa Ezcurra, quien fuera cuñada de Juan Manuel de Rosas.
Estas casas fueron adquiridas por el Museo de la Ciudad para completar un conjunto de relevante valor histórico - conformado también por la Farmacia de la Estrella y la Casa de los Querubines - y, luego de su restauración, se integrarán al complejo edilicio del Museo de la Ciudad. Estos ejemplos únicos han sido declarados Monumentos Históricos Nacionales, considerados por sus valores individuales y por ser claros ejemplos representativos de otra forma de vida y de la evolución de la ciudad y sus costumbres.
Golpea la campana contra el suelo
Abatida se quiebra en la garganta
La verdad se parte en dos falacias
Una moneda al aire con dos caras
La misma suerte, la misma nada
Frío disfraz que los necios visten
Ningún sabio profana el pensamiento
Corre como agua la idea que fermenta
La voz grave que pesa entre los dientes
Un velo en los ojos cela la mirada
Hombre nuevo que sometes al pasado
Ilustre y opaco terciopelo
En qué piedra tallaste aquellos versos
De sutil ilusión, de profecía vana
Nubes de tiempo que hoy caen sobre mi espalda.
No dobleguen mis huesos —están tan curvos—
Soy un pobre viejo que sin boca grita
Que sin aire para siempre calla