Los motivos pueden ser diversos: hace pocos días fue la celebración del cumpleaños de un centro de Salud especialmente dedicado a las trabajadoras sexuales. A partir de esa conmemoración, la delegación platense de la Asociación de Mujeres Meretrices de la República Argentina, con el apoyo de vecinos de la zona roja platense, convocó a seis artistas del interior de la provincia para pintar en la calle 1 un mural en honor a Sandra Cabrera, una trabajadora sexual asesinada. Poco tiempo antes, el artista plástico platense Muni Caretti, egresado del industrial Albert Thomas fue convocado por las autoridades de esa escuela para hacer una pintura mural que recuerde el centenario del establecimiento. Años atrás, el pastor evangélico Jorge Moyano, del barrio La Favela, de Ringuelet, convocó a estudiantes de Bellas Artes para pintar murales contrarios a la droga en las esquinas del barrio donde ese problema era crítico.
Cualquiera sea la razón, cada vez son más las paredes de La Plata que exhiben pinturas murales. Algunas de ellas no son murales propiamente dichos pero todas expresan un fenómeno que se hizo evidente alrededor de tres años atrás y que la especialista Cristina Terzaghi, profesora de la carrera de Muralismo que funciona en la facultad de Bellas Artes de la UNLP, no duda en calificar como una explosión de la imagen en las calles de la ciudad.
"Las paredes de una ciudad siempre hablan y las de La Plata hoy están más vivas que nunca. Y este fenómeno que se acentuó en los últimos años, siempre es bienvenido, aún cuando algunas pinturas no se ajusten totalmente a la definición de mural y otras persigan objetivos meramente coyunturales y no estén pensadas para perdurar", dice Terzaghi.
Y si lo que se ve en la calle no fuera suficiente, ahí está el otro fenómeno vinculado con la pintura mural y que hace singular en ese terreno a la ciudad de La Plata: la carrera de Muralismo que funciona desde 2007 en la facultad de Bellas Artes y que este año egresarán los primeros profesionales recibidos.
Esa carrera, que había sido cerrada en el año 1976 por la dictadura militar, reabrió sus puertas recientemente convirtiéndose en la primera en su tipo en América Latina. Es por eso que entre los 90 alumnos que actualmente la cursan no sólo hay platenses y bonaerenses, sino también interesados que llegan desde otras provincias y desde países como Colombia, Chile y Alemania.
Con todo y a pesar de la fuerte presencia de la pintura mural en las calles platenses, se está lejos de poder hablar de La Plata como la ciudad de los murales. Ese calificativo, en cambio, lo ostenta la ciudad de Corrientes donde la presencia de la pintura mural es más fuerte y el apoyo estatal a sus manifestaciones más decidido, según indican los profesionales que hacen muralismo en La Plata.
"En La Plata hoy las paredes son un libro abierto que nos dicen todo lo que pasa. Pero en realidad, todavía no hay una identidad del muralismo platense. Eso es algo que puede forjarse con el tiempo", dice Terzaghi.
El incipiente muralismo platense también encuentra un obstáculo: la falta de conciencia de la población, que se puede constatar cada vez que una pintura mural aparece salpicada de grafittis.
Y el tercer elemento que diferencia a La Plata de otras ciudades con una cultura mural más arraigada es la falta de presupuesto para encarar las obras.
"La mayoría de los murales que se pintan en La Plata surgen por iniciativa de los propios artistas o de pequeñas ONGs que se hacen cargo de todos los gastos. Y esos gastos no son pocos. Hay que pensar que cualquier mural implica un costo de entre 800 y 1.000 pesos sólo en materiales y sin contar el trabajo del artista", aporta Terzaghi.
Por lo pronto, a la movida espontánea de las calles se suma, de a poco, el aporte de los estudiantes de Muralismo, que desde que la carrera volvió a funcionar pintaron 14 murales en la ciudad.
"Se pintaron tres en hospitales, siete en escuelas, uno en un hogar para chicos, uno en un establecimiento de prevención de las adicciones, dos en instituciones de discapacitados", explica Terzaghi, quien agrega que ese trabajo "es una forma que encuentran los estudiantes de aportar a la sociedad que los forma a través de la Universidad".
Las técnicas predominantes en los murales platenses son: el aerosol, la pintura al agua y los mosaicos.
Con todo, Cristina Terzaghi explica que el muralismo es mucho más que un modo de pintar. Es un tipo de obra conceptualmente distinta al que las Bellas Artes consagraron como su objeto de conocimiento, concebido con la gente, generalmente sin firma y que no se compra ni se vende.
En ese sentido, hacer un mural implica compenetrarse con el medio en el que se va a pintar y con la gente que lo habita. Con ella se decide el motivo de la pintura y la decisión sobre esa y otras cuestiones puede demandar largos períodos.
Hay veces en que muero a veces
Muero a veces dos veces o más veces
La muerte no es error sino condena
El hombre condenado nunca mata por error
Un enjambre de langostas llegó a este descampado
Aquí ni siquiera hay bocas vacías
Ni hambre ni hombre ni hembras ni hombros
En este desierto la arena es humo y es vidrio
Un cielo de hombres necios cubre mis ojos
Como nube siniestra avanzan sobre este osario
Ningún muerto detendrá esta masacre
Una plaga más sobre esta tierra desahuciada
Apenas una brisa de aire ácido
Fosa voraz donde el hombre cae dos veces