Parece mentira que aún en estos días el tango lleve el karma que lo vio nacer, impregnado en cada cuerda de guitarra o en cada rezongo de un fueye. Nació humilde y marginal, con el sello del orillero errante y necesitó cruzar fronteras para ser aceptado en el país que le dio vida. El tango es así, se ve que desde lejos luce mejor, más serio, con el brillo que le sacan las fotos de los turistas que vienen a Buenos Aires para ver, escuchar y bailar en la cuna de la música que le dio identidad a un país. Pero claro, lo que ellos no saben es que el tango es más tango cuando se embarra los pies, cuando pisa las veredas rotas o cuando un adoquín que sobrevive al nuevo siglo lo tiene como escenario. Ese tango tal vez será otro tango, no el de los incómodos restaurantes de escenarios majestuosos y cuentas abultadas que lo visten de traje a rayas, con moño, mocasín y peinado a la gomina, debajo de un farol de utilería que florece en una ventana de cartón. El tango que nació tango se viste en el lugar donde siempre vivió, en las calles suburbanas. En estos tiempos, muchas veces se lo escucha silbar con el pelo largo y un par de jeans, otras veces se pone una remera gastada y camina con un celular en la mano, quizás para no perderse nada de esta época, quizás para que nadie venga otra vez a quitarle el barrio como cuando lo vistieron de frac. Y este tango, el de las calles arboladas con luces de mercurio, el de la gente con bolsas de supermercado, el que una vez dijo que no iba esperar más recostado en la vereda, volvió al barrio para cantar de nuevo como la primera vez, con músicos y cantantes de todas las variantes, como en la vida misma, tan auténticos como el tenaz barro que lo formó.
Junto al piano de Lucho Repetto, la guitarra de Miguel Rappa y el bandoneón de "Yoyo" Pane, pasaron por el escenario de la vereda de la calle Maure Gladys Recchia, Fernanda Vega, José Sancho, Carlos Noguel y Vanina Mazzara, excelentes voces que se presentaron ante más de ciento veinte personas, cómodamente sentadas en las sillas que la Asociación de Fomento Federico Lacroze, sede de estos cuatro ciclos del año, puso en la calle a disposición del público.
Con la conducción de Carlos Fernández, actor y conductor del programa de Radio de Tango "Una noche inolvidable... solo tango", la tarde se vio pintada de poemas cada vez que, entre cantante y cantante, Carlos Fernández interpretaba las obras de los autores que le dieron poesía a la música de Buenos Aires.
Una mención especial merece el grupo de rumba flamenca Los Bandoleiros, que se prestaron a participar en este movimiento tanguero con unas muy originales versiones de distintos tangos en formato gypsy. La tarde parecía estirarse entre las cuerdas y las voces gitanas, entre bailes flamencos y sin embargo tanto tango había en ellos que uno no podía negar que cuando un género es auténtico se lo puede cantar de distintas maneras y con distintos ritmos sin perder nada de su identidad. Tan audaz como logradas estuvieron las versiones que al cerrado aplauso le siguieron los bises obligados. Debería repetirse más seguido este cruce entre los distintos géneros.
El baile no puede faltar. Estuvieron en la pista Víctor Chamorro y Daniela Longo, Jorge Risso y Élida Casco y una pareja de chicos que asumiendo la responsabilidad de abrir el segmento de baile lo hicieron a la altura de los grandes bailarines. Vaya esta mención y reconocimiento para Agustina Martínez y Fabrizio Berón, dos chicos que ya no prometen, cumplen con creces lo aprendido.
La noche se cerró con Lucho Repetto, Leandro "Yoyo" Pane y Miguel Rappa acompañando a los cantantes estables de UB Tango Raúl Leonardo y Gerardo Emilio, un sello indiscutible por la calidad de este ciclo que promete dos funciones más: el sábado 14 y 21 de diciembre.
El Tango a la Calle es una idea de Lucho Repetto producido por Marta Iglesias, responsable de la prensa y difusión del evento, junto a la Asociación de Fomento Federico Lacroze ubicada en la calle Maure 3955 de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Tres piezas clave para que este movimiento pueda continuar rodando. Sus padrinos son Elba Cristian y Roberto Goyheneche.
Ricardo Cardone