Desde la Casa de la Cultura bolsonesa se divulga en estos días dos trabajos recientemente logrados por los escultores Eduardo Iuso, de Epuyén, y Ernesto Bertedor, radicado recientemente en Mallín Ahogado, El Bolsón.
El primero de ellos, por pedido de la gobernación de Río Negro y ante un encargo del reconocido cuentista y humorista Luis Landriscina, concretó una talla de Ceferino Namuncurá.
La obra, lograda por Iuso y Gabriela Kovasevic, artista plástica, se realizó en una pieza en madera de Coihue de un metro treinta de estatura, con los pies tallados en piedra (Ceferino significa en lengua indígena "pies de piedra").
Por su parte Ernesto Bertedor, residente en la zona de Mallín Ahogado, donde montó el parque temático "Belenus", realizó el busto del ex presidente argentino, Dr. Raúl Ricardo Alfonsín. Talla de una pieza, en madera de Castaño. Trabajo realizado por solicitud del Comité Radical de Río Negro. Bertedor por estos días, se halla trabajando en la realización de otro busto destinado a la señora presidenta de la Nación Dra. Cristina Fernández con la imagen del ex presidente argentino Dr. Néstor Carlos Kirchner. Esta última será exhibida próximamente en Casa de la Cultura.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.