Con prólogo de Javier Gomá, el escritor y periodista español, Jesús Machamalo, nos entrega "Cortázar y los libros: Un paseo por la biblioteca del autor de Rayuela"
"No sé hasta qué punto los libros hablan de sus propietarios. No sé hasta qué punto los definen. Decía Marguerite Yourcenar que una de las mejores maneras de conocer a alguien es ver su biblioteca".
"Hubo un momento -nos cuenta Jesús Marchamalo en su nuevo libro-, hace años, en que todos queríamos ser Cortázar. Nunca tuve ocasión de encontrarme con Julio Cortázar en persona, nunca coincidimos en ningún acto, nunca fui a que me firmara alguno de sus libros, ni lo visité en ninguna de sus casas parisinas, ni siquiera me crucé con él en el metro.
Así que guardo de él una imagen un tanto legendaria, soñada o ideada, de historias que me han ido contando, o que he leído".
El autor de Tocar los libros (un libro que se ha convertido ya en un pequeño objeto de culto para los amantes de los libros) se adentra en Cortázar y los libros en el mundo más íntimo y curioso de Julio Cortázar, el de su biblioteca personal. El rastro de sus libros subrayados, con esquinas dobladas, apostillas y papeles -hojas de calendario, recortes de periódico, un pedazo de cartulina garabateado- dibuja un retrato imaginario sobre el autor de Rayuela que hará las delicias de bibliófilos y bibliópatas.
Marchamalo subraya: "He eludido conscientemente hablar con personas que pudieron conocerlo o tratarlo -muchos de ellos escritores que aparecen mencionados en las siguientes páginas- y que podrían haber aportado un testimonio fidedigno del Cortázar lector.
Pero me resultó sugestiva la idea de que este libro llegue a tener algo de hallazgo fortuito, de azaroso descubrimiento: un Cortázar inédito convertido, a través de sus lecturas, en territorio definitivamente fabulado".
El libro, editado por Fórcola Ediciones, estará próximamente en las librerías.
Arde la leña dócil
Un canto de pájaro la distrajo del hachero
O ese otro árbol de franca compañía
El tiempo habrá trenzado sus ramas
La lluvia las habrá unido por azar
Por amor
Una hoja cubrió otra hoja
Fueron horizonte único que se eleva
Sobre la corteza que cobija a toda savia
Ahora arde en motines
Arde rebelde un cuerpo sobre el otro
Estallan sobre un suelo de cenizas
No habrá lluvia que se vuelva savia
No habrá savia que se vuelva lluvia
Todo es cíclico
Hasta que el amor estalla y arde
Hasta que se consume