Era la cero hora del lunes cuando subieron al escenario N° 2 Los Diableros de Orán, que cambiaron el ánimo de los chayeros porque en esos momentos empezaban a sentirse unas débiles gotitas.
Sucede que desde el viernes 18 de febrero, cuando comenzó el festival, hasta el domingo inclusive llovió persistentemente sobre la capital riojana pero que no fue óbice para que miles de riojanos y otros tantos turistas de distintos puntos del país (inclusive gente de Santa Cruz) hicieran llover harina revoleada en miles de paquetes. Según el informe policial, concurrieron 25.000 personas el viernes (actuó el Chaqueño Palavecino), 20.000 el sábado (estuvo Soledad), 8.000 el domingo y el lunes, y en la fecha de cierre 17.000.
Tras Los Diableros siguió la embajada norteña con Los Nocheros y Los Tekis en el escenario N° 1, que trajeron su Carnaval, pasión del norte de Salta y Jujuy, el magnífico espectáculo que están presentando en Mar del Plata pero aquí con el apoyo coreográfico del excelente ballet local Idal.
Y así mientras un Diablo tentaba a la diversión a la multitud, "a macharse, a chumarse", transformando al hombre en un pujllay, es decir en un muñeco, Los Nocheros hicieron las delicias de los bailarines locales con sus zambas carperas, como La Cerrillana, y los jujeños acometieron con takiraris y sayas. Difundieron su carnaval y recibieron el bautismo enharinado de los chayeros.
Lo mismo le había sucedido a Soledad el sábado, que tuvo que estrenar "el piquito chayero" con su esposo Jeremías. Esa noche la grilla se completó con Los Manseros Santiagueños, que en La Rioja son como locales; Los 4 de Córdoba y Los Auténticos Decadentes.
Esta edición del festival fue particular porque los organizadores, pocos días antes del viernes inicial, tuvieron que cambiar el nombre de Chaya por el de Nuestra Mejor Fiesta debido a un fallo judicial amparando a los anteriores titulares del festival.
Así que al tradicional saludo del veterano locutor Homero Coronel Montes, "La Rioja vuelve a...la multitud respondía "¡a chayar!".
La gran duda fue la primera noche, cuando no se sabía si el Chaqueño Palavecino iba a poder cantar su versión de la Chaya Riojana porque el fallo judicial hablaba de la palabra chaya, pero no pasó nada. El Chaqueño cantó y chayó como el mejor. Esa noche también estuvieron Abel Pintos y los Amboé mientras que cerró Galleguillo, que de esa forma estuvo dos veces en el festival donde juega de local.
Precisamente Galleguillo encabezó en la tarde del lunes, su propia chaya barrial, que todos los años hace en su casa del barrio Hospital y últimamente en la calle debido a la gran cantidad de gente que concurre. Este lunes fueron miles.
Ahí fueron invitados especiales Los Tekis, y también llegó Rubén Ehizaguirre, de Los Nocheros. Una yapa de la chaya riojana: poder estar cerca de los artistas y disfrutar gratis de algunas canciones.
De la chaya de su casa, Galleguillo (el Gallo le dicen en La Roja) se fue directo a la chaya del festival, se volvió a abrazar con Los Tekis y Los Nocheros detrás del escenario y subió al mismo en medio de una salva de fuegos artificiales. Se despidió a toda orquesta y harina.
Si nadie oye el crujir de la madera
Si un árbol no es más que hambre para el fuego
Si las llamas mueren ahogadas en sus cenizas
Si mis restos se quedan con mi último deseo
Para qué existe el dolor de las astillas
De qué sirve el cuerpo que no quema
Para qué el ajado lastre de la piel
Para qué el futuro inalcanzable
Esta noche llegó antes
Como hace noches
Y caen cristales como lluvia
Sobre mis ojos abiertos