Argentina tendrá por fin su pabellón propio y definitivo en la Bienal de Venecia. Será en el histórico Arsenal de Venecia, cuya actividad se remonta al siglo XII.
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner atravesará el 3 de junio el escenario de las dos torres que Canaletto pintó en 1732, donde se encuentra el enorme espacio abandonado de las Salas de Armas del Arsenal, de unos 5 mil metros cuadrados. Para la Bienal será una jornada tan importante como para la Argentina porque significará la recuperación final de un sector del edificio, que en su momento más florido, se extendía por 46 hectáreas y daba trabajo del 3 al 5% de la población veneciana construyendo naves y armas.
El ministerio de la Defensa italiano entregó al municipio de Venecia las estructuras de las Salas de Armas, cuya construcción se remonta al siglo XVI, cuando La Serenísima era el principal puente de contacto entre Occidente y Oriente. Ahora hay una larga fila de países interesados en estar ahí mismo, de China al Vaticano.
Argentina logró ser el primero en obtener un espacio en las Salas de Armas, que una vez que sean totalmente reestructuradas por las naciones que las ocupen, funcionarán todo el año y no solamente del 4 de junio al 27 de noviembre (cuando tiene lugar la Bienal) que este año cumple su 54ª edición.
Se trata de la reparación de una larga ausencia que parece hoy inexplicable. El país tendría que haber construido hace muchos años su pabellón en los vecinos jardines, como hicieron Brasil, Uruguay y Venezuela.
Argentina forma parte de la historia de la Bienal, de la que este año participarán 82 naciones. Yendo hacia atrás, hay que recordar la presencia de Pío Colivadino en representación de la Argentina en 1903, 1905 y 1907. Pasó medio siglo antes que Juan del Prete y Raquel Forner representaran a la Argentina en 1958. En octubre de 2007, en la 52ª edición, León Ferrari ganó el León de Oro como el mejor artista y el New York Times lo consagró como uno de los diez artistas plásticos más importantes del mundo. También hay que recordar que ningún artista estuvo presente tantas veces en la Bienal como el plástico argentino Lucio Fontana, en seis ediciones.
En 1968, Nicolás García Uriburu realizó la coloración del Canal Grande de Venecia. Dos años antes, Julio le Parc ganó el Gran Premio de Pintura y en 1962 Antonio Berni recibió el Gran Premio de Grabado.
Este año Argentina está representada por el joven plástico rosarino, Adrian Villar Rojas. El pabellón del país se encuentra en un local de 250 metros cuadrados.
Villar Rojas, de 30 años, "representa una apuesta al futuro", dijo el curador del stand nacional, Rodrigo Alonso. Villar Rojas ganó fama internacional con la enorme ballena de madera, rocas y vidrio que llamó Mi familia muerta, e instaló en los bosques de Tierra del Fuego en la Bienal del Fin del Mundo en 2009.
Su trabajo en el pabellón argentino, titulado Ahora estaré con mi hijo, son esculturas monumentales en arcilla que desarrollan historias inspiradas en Las ruinas circulares, el cuento de Jorge Luis Borges. Se trata de manifestaciones materiales de universos alternativos que contestan las normales nociones argentinas sobre el mundo y su realidad.
En este vacío desborda la pena
Tiene el precio del amor
Abruma con pétalos caídos
Vuela errante en la boca adormecida
Y se anuda en la garganta
Cae la rama que el árbol suelta
Cae el árbol que el agua seca
Todo es tierra firme para la piedra inmóvil
De verde se cubre la herida
Es llano el campo de lo cierto
Las alas nobles no transitan este cielo
Un suelo de mendigos las ampara
Qué mano piadosa nos apartó del abismo
Ese abismo donde el amor sucumbe
Y se atreve