El 25 de octubre de 1931 Pablo Picasso cumplió 50 años. Los meses anteriores y posteriores a ese aniversario se conocen como "el año del milagro", un período en el que el pintó a destajo, y contrareloj, para llegar a una gran muestra retrospectiva que se celebraría en París. Durante ese lapso, salieron de su estudio parisino un puñado de obras maestras. Una de ellas es Desnudo, hojas verdes y busto, la sinfonía de amor que le dedicó a su joven amante, Marié Thérèse Walter. La pintó el 8 de marzo de 1932, en un sólo día, y desde ayer es el cuadro más caro jamás vendido públicamente: 106,5 millones de dólares.
La puja central de la subasta que se realizó anoche en la sede de Christie's en Nueva York duró 8 minutos y 6 segundos. Se la disputaron seis candidatos y el nombre del comprador, que participó vía telefónica, todavía no ha trascendido. Exactamente tres meses después de que el suizo Giovanni Giacometti le arrebatara el título de artista más caro del mundo con El hombre que marcha (una escultura de 1961, vendida en 104,3 millones de dólares), Picasso arrasó en la subasta de Christie´s con Desnudo, hojas verdes y busto.
Desnudo... partía, desde que se anunció la subasta, como una firme candidata a instalarse como el cuadro más caro del mundo. Los motivos, varios: se trata de una obra central en su trayectoria artística, la realizó en uno de sus momentos más inspirados, guarda una estrecha relación con su biografía y pertenecía a una de las colecciones privadas de arte moderno más prestigiosas del mundo.
Para muchos, el "año del milagro" fue para Picasso el año en que se decidió a zanjar cualquier discusión sobre quién era el artista más grande del siglo XX. Un duelo cabeza a cabeza con Matisse, que en 1929 había cumplido sesenta años y al que en 1930 se le habían dedicado varias retrospectivas en París. Fue la Galería Georges Petit la que le ofreció a Picasso poner las cosas en su lugar. Para celebrar sus cincuenta años, él también tendría su primera gran retrospectiva. La agendaron para junio de 1932 y a Picasso no le temblaría el pulso: durante ese período, pintó Desnudo... y otras obras maestras como El sueño o Niña frente al espejo. Le dio, de paso, un cimbronazo al universo pictórico en su territorio más pisado. El retrato.
La protagonista y destinataria del Desnudo, hojas verdes y busto fue Marié Thérèse Walter, una joven de 27 años que era su modelo, musa y amante. La pintó desnuda, junto a un busto, y se incluyó en el fondo como una sombra que la admira como a una obra de arte. La pintó en un solo día, el 8 de marzo de 1932. Se convirtió en una de sus obras favoritas e incluso la colgó en su propia casa por meses.
Con la invasión nazi, el cuadro se salvó de milagro. Las tropas alemanas saquearon dos de los depósitos de la galería Rosenberg, encargada de venderla. Pero Desnudo... estaba escondida en el tercero, registrado a nombre de un empleado que no era judío. Cuando la galería reabrió, en 1951, la compraron los Brody, un matrimonio estadounidense que había empezado a armar la que sería una de las colecciones de arte moderno más importantes del mundo en su mansión de Holmby Hills, California.
La propietaria de la obra, Frances Lasker Brody, murió en noviembre de 2009 y sus herederos decidieron sacarla a subasta. En 1961, con motivo de una muestra sobre Picasso en UCLA, el cuadro había salido por única vez de esa mansión donde compartía todas las miradas -los chistes del destino a veces son tan buenos- con un gigantesco mural de Matisse, el otro gran artista moderno, el hombre al que Picasso tenía entre ceja y ceja aquel día que pintó a su amor desnudo, a un busto y a las hojas verdes.
No es el tiempo la distancia
el hueco invisible
el labio en la sal
el error en los ojos
No es la falta en recorrerla
la voz tras puñal
el despertar solitario
la mañana a las seis
No es espejo la mentira
el coral de los ojos
la ruta de las manos
la madera diurna
No es el aire ni las hojas
ni el sol, nudo del cuello
ni la arena ni la historia
ni la cuerda ni el silencio
No es lo lento de una tarde
que jamás llegará a tiempo
ni desnudará la daga
la memoria de un reloj urgente
cuando las tablas vuelquen noches
y una historia se descuelgue
con la marca de una soga
con el único color
de los amores muertos