La fundación Mario Benedetti, creada en Montevideo el pasado 14 de septiembre coincidiendo con la fecha de nacimiento del escritor, respeta la intensión del hermano, Raúl Benedetti, de vender las cartas y las primeras ediciones de las obras del escritor uruguayo.
Entre el material que podrá adquirirse, a través de una subasta vía internet, se encuentran las cartas que Mario Benedetti le envió a su hermano Raúl desde el exilio, donde relata su traslado de Mallorca a Madrid debido a que la humedad era perjudicial para su asma, y otra, de 1983, en la que reflexiona sobre el inminente retorno de la democracia a Uruguay.
Las primeras ediciones de "Montevideanos" (1951), "Poemas de la oficina" (1956) y "La víspera indeleble", el primer libro de poesía del escritor, financiado y editado en 1945 por el propio Mario Benedetti, figuran entre los ejemplares que estarán a la venta.
La intención de Raúl Benedetti es financiar con ese dinero la realización de un documental sobre Mario Benedetti, donde estarán incluidas las vivencias junto a su hermano y su testimonio acerca de la vida y obra del escritor.
Debido a que aún sigue en marcha el proceso sucesorio de los bienes del escritor, la poeta Sylvia Lago, presidenta de la institución, dijo que la fundación "no quiere entrar ahora" en la posibilidad de comprar ese material. Mientras que Ariel Silva, ex secretario de Mario Benedetti (1920-2009) y gerente de su fundación, se limitó a afirmar que "las cosas que Mario le regaló a Raúl son de él y, por tanto, puede hacer lo que quiera con ellas".
Autor de unos 80 libros de poemas, novelas, relatos y ensayos, así como de guiones de cine, Benedetti obtuvo varios reconocimientos internacionales como el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (1999), el Premio Iberoamericano José Martí (2001) y el Premio Internacional Menéndez Pelayo (2005).
Ahora la sed le cuelga de la lengua
Ahora desde hace tanto
Una voz le cuenta un cuento mitológico
De mujeres con escamas
O del cerco de las garras que arrebatan
Otra voz le canta un canto con los pechos
Untados con el brillo de la lira
La sal es un mar siniestro que evoca fatales espejismos
Una voz le nombra un nombre
Mientras quita con los dedos una hebra de su cuello
La flecha envenenada en el talón de Aquiles
Odiseo abre los ojos secos con los pies en la arena
Todos los desiertos fueron agua y ofrenda
Hasta que las lágrimas dejaron de llorar recuerdos