La nueva vida, aquella vida distinta que a uno se le presenta con los hijos, parece haber reafirmado la vocación de cantante de Soledad. Más relajada, con elevada paciencia y la misma energía de hace 15 años la Sole subió al Jacinto Piedra para movilizar al público que había venido a verla aún sabiendo que podrían terminar con las prendas curtidas por la lluvia amenzante.
Ningún evento meterológico ocurrió en el Club Sarmiento, salvo el torbellino de brazos en alto revoleando lo que tenían a mano al compás de las zambas y chacareras de la Sole. La cantante de Arequito presentó temas de su nuevo disco, Vivo en Arequito, y compartió los éxitos ya conocidos que la hicieron trascender desde su ciudad natal al país entero.
Durante más de una hora hizo saltar al público que comenzaba a soltarse a medida que escuchaban los éxitos de la Sole. El tiempo, el barro, la humedad no ayudaban, pero eso fue solamente un recuerdo, porque ahora todos cantaban cada una de sus canciones cada vez más fuerte.
Soledad reconoció que volver al Festival después de tanto tiempo, con otra historia, otra experiencia, otra memoria (ya no recordaba cuánto hacía que había participado) era importantísimo para ella, porque cantar chacareras en Santiago del Estero siempre es un desafío para todos los músicos.
La Sole le dio al folclore la variedad necesaria para traspasar las fronteras del país, incluyó nuevos géneros que lo enriquecieron y lo diversificaron, permitió que el folclore llegue a los jóvenes de otra manera y a pesar de que considera que no sabe mucho de folclore (es una cantante de folclore pero no una erudita en él, según sus palabras) no se necesita ser un experto en el tema para saber por dónde pasa la cultura de un pueblo como ella lo sabe.
Ricardo Cardone
Enviado especial