El 31 de octubre se cumplió la última peregrinación al santuario de la Virgen del Rosario de Río Blanco y Paypaya, en honor a un nuevo aniversario de la Coronación de esa imagen mientras que a la tarde los pobladores de Río Blanco llevaron a la santa patrona de Jujuy desde ese lugar hasta la Iglesia Catedral.
En la misa oficiada en Río Blanco, en la que estuvo acompañado del obispo de Humahuaca Pedro Olmedo, el obispo Marcelo Palentini dijo que la comunidad unida en María es signo de esperanza.
Palentini dijo: "la grandeza de María no está en el poder que haya tenido ni en las grandes obras realizadas, sino en la fidelidad a la voluntad del Padre. Su programa de vida fue: "Yo soy la sirvienta del Señor. Hágase en mí tu Palabra". La humildad y la disponibilidad para realizar la voluntad de Dios le permite estar siempre atenta a las necesidades de los hombres, como en las bodas de Caná y de sentir resonar en sus oídos y en su corazón la bienaventuranza: "Dichosos los que escuchan la Palabra de Dios y la practican".
"María es grande por eso, porque dijo si al Señor, porque lo siguió como verdadera discípula, porque no se dejó conducir por ambiciones personales, sino se puso en el último lugar como servidora, porque le importó más lo que podía hacer por los demás lo que los otros podían darle a ella, porque no perdió tiempo en comentarios que no resuelven los problemas (chismes) sino en buscar la solución en la intervención de Jesús. No la venció el dolor cuando estaba al pie de la cruz, sino esperó con confianza la resurrección. En lugar de replegarse sobre sí misma y llorar sola la muerte de Jesús se mantiene en comunión con los discípulos, los alienta para que no se desbanden y les ayuda a crecer en la fe en la promesa de Jesús de que el reino de Dios se va realizando de a poco, con la fidelidad a su Palabra todos los días."
"Hoy también si nos mantenemos unidos a María, seremos comunidad de esperanza. Un pueblo se renueva en el sentido profundo de su vida cuando es capaz de buscar soluciones en la unidad, cuando deja de lado los individualismos, el orgullo personal o grupal y busca el bien de todos. Cada comunidad se construye verdaderamente en los valores de la unidad, de la cordialidad, de la comprensión, del perdón. Si aportamos esto poco que podemos poner en las manos de Jesús, él transforma "nuestra agua en rico vino", cambia nuestra pobreza en la riqueza de la felicidad compartida. Así nos hacemos signo de esperanza para el mundo. Le decimos a nuestra sociedad: "Un mundo nuevo es posible, como escribieron los jóvenes argentinos en Colonia en la jornada mundial de la juventud".
Río de sal
Muelle de fuego
Qué será del agua que una vez ardió
Qué será de la última llama que aún alumbra
La lluvia de hoy dejó brasas y ceniza
Y un aliento a carne viva
Carne que a la sal se arroja
Carne que al fuego se abraza
Un perro ciego ladra al viento
Un pobre ciego reza al cielo
Nadie escucha el lamento en el vacío
Nadie oye sin oídos
Una nube de silencio cubre el día
Una nube que acecha como nube
Por última vez se oyó el correr del agua
Fuera de su cuerpo