Fernando Botero considera posibilidad de irse de Pietrasanta, tras robo de siete de sus esculturas
El artista colombiano dijo que su estadía en la localidad italiana depende de medidas extraordinarias de seguridad, como un cuarto blindado para sus piezas en la fundición en donde ocurrió el robo.
De acuerdo con la información difundida por las autoridades locales, en la madrugada del domingo, desconocidos sacaron del taller L'Art las estatuas de un tamaño de 50 x 70 centímetros.
Según lo establecido por el cuerpo de carabineros, los ladrones forzaron la puerta trasera del lugar y sustrajeron las obras, que estaban listas para ser entregadas a los representantes de Botero.
Así mismo, los denunciantes indicaron que las esculturas robadas fueron: Adán, El perro, Gato codón, Mujer con mano en sus cabellos, Bailarina vestida, Bailarina en movimiento y Gorrión.
Aunque las piezas aún no habían sido registradas, expertos establecieron que estarían avaluadas en unos 3 millones y medio de dólares.
Botero, quien desde hace 24 años tiene una casa y un taller en Pietrasanta, es considerado uno de los habitantes más ilustres de esa población cercana al mar.
Botero, nacido hace 75 años en Medellín, recordó que este robo es el segundo de piezas suyas que se comete este año en Pietrasanta, después de la desaparición de dos esculturas que él tenía en el jardín de su residencia y sobre el techo de su estudio.
En Pietrasanta "había un ambiente de tranquilidad y de confianza", un "ambiente simpático", pero "me han tomado como objetivo", advirtió el artista, para quien estos robos han podido ser encargados por un mercante, por "alguien del mundo del arte".
"Veo que son profesionales, porque se llevaron no solamente los bronces, sino que se llevaron una escultura que estaba todavía en cera, es decir, el que se lleva una escultura en cera sabe que eso se puede volver un bronce por el proceso de cera perdida", explicó luego.
En este contexto, Botero recordó que hace unos doce años le robaron de su domicilio campestre en Cajicá, localidad cercana a Bogotá, un pequeño hombre a caballo del que se hizo una edición cuyas réplicas ha visto en tiendas de Argentina, Brasil o Francia.
El artista observó que en la fundición "había otras esculturas de otros artistas (...)" y "esas no las tocaron", por lo que insistió en que los traficantes de arte lo han tomado a él "como objetivo".
"Más que las siete esculturas, lo que se daña es esa delicia que era el ambiente de trabajo en Pietrasanta, de una confianza, de una camaradería y de un ambiente perfecto para un artista trabajar", se lamentó luego, y consideró que "ése es el problema más grave de todo".
"El maestro Botero es para nuestra ciudad una figura de total respeto, fue elegido ciudadano de honor y, por ello, hay que defenderle y protegerle", aseguró Massimo Mallegni, alcalde de Pietrasanta.
Para Magnelli, es "un error" buscar responsabilidades en "una comunidad como Pietrasanta, como el mismo Botero ha hecho en algunas declaraciones a los medios".
Y explicó que el robo "es un hecho negligente, que la comunidad de Pietrasanta no puede y no tiene intención de asumir".
El alcalde consideró que el hecho "más grave era no haber instalado alarmas o haber conservado tales obras de valor en espacios inadecuados".
Aunque sólo acostumbra pasar ahí la estación del verano junto a sus familiares y algunos allegados, cada año ofrece trabajo a decenas de fundidores, quienes realizan en estos talleres sus obras monumentales.
Precisamente, como muestra de aprecio a esa ciudad, el artista donó la escultura El Guerrero Romano, que adorna la Plaza Mateotti de Pietrasanta y adicionalmente pintó los frescos de la Iglesia de la Misericordia.
Según expertos, no será nada fácil para los ladrones vender las obras debido a las conocidas caraterísticas del trabajo del pintor y escultor colombiano.
Pero no es la primera vez que el artista sufre un robo, pues en septiembre del 2002 empleados del Museo de Antioquia de Medellín hurtaron los cuadros, El Abogado y Cebollas, que fueron recuperados un mes después al ser abandonados en un basurero de la ciudad.
Por Néstor Pongutá Puerto
24-10-2007
Fuente:
El tiempo
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