Desde mañana se puede visitar el museo de Amalita
El edificio de seis mil metros cuadrados se encuentra en el Dique 4 de Puerto Madero
Se exhiben 230 obras. Hay cuadros de maestros como Brueghel y Turner.
El censo en Belén, de Pieter Brueghel II, una obra del siglo XVII, y Julieta y su aya, del inglés Joseph William Turner, siglo XIX, brillaban ayer como joyas supremas de la colección Fortabat que, tras una fiesta familiar esta noche, abrirá sus puertas al público desde mañana (martes a viernes de 12 a 21; sábados y domingos de 10 a 21. Entrada general $ 15). Las dos obras fueron ubicadas en el segundo subsuelo del aerodinámico edificio diseñado por el arquitecto top uruguayo Rafael Viñoly. Se llega a ellas por una escalera mecánica que conduce a una enorme sala de 1.300 metros cuadrados y las separa de la mirada un vidrio protector.
Sí, no hay otro lugar semipúblico donde ver estos auténticos tesoros del arte occidental en Buenos Aires y con eso sólo alcanzaría para celebrar la apertura de este edificio largamente demorado donde la empresaria decidió hacer visible parte de su colección (230 obras) incluyendo tanto objetos de la Antigüedad (Egipto y Bizancio) como las obras plásticas de su nieta que conviven en un apartado junto a las del notorio artista geométrico Raúl Lozza, por ejemplo.
Las enormes salas de la colección Fortabat son bañadas por la luz que ingresa al edificio (de 6.800 metros cuadrados) a través de la generosa estructura vidriada que lo contiene. Desde el primer piso, por ejemplo, se domina el embarcadero de Puerto Madero y hasta se cuela en la vista parte del eterno logotipo del Luna Park. En las paredes lucen obras neofigurativas y abstractas. El criterio es ciertamente amplio: desde Jorge de la Vega a Pérez Celis.
Sin curador jefe a la vista, la disposición de las obras parece haber seguido el instinto o capricho de la Dama del Cemento. Así es como el retrato que le encargó a Andy Warhol en los ochenta se entremezcla con obras más antiguas. El recorrido comienza con una suerte de álbum familiar donde se lucen los retratos que Berni hizo de los nietos de Amalita a fines de los 70. El rosarino tiene un sector especial en el que se distinguen el enorme óleo Domingo en la chacra; la instalación La Difunta Correa y un Juanito Laguna de 1962.
Esta disposición de la colección Fortabat aparenta ser definitiva y merece tiempo para recorrerla y apreciarla. Contrastando la velocidad de la arquitectura, las obras a veces no dejan espacio y el armado recuerda a los salones de otros tiempos. Aunque los nombres se imponen: Dalí, Chagall, Klimt, Rodin, Matta, entre otros, le dan status internacional al largo sueño de la empresaria.
Por Fernando García
21-10-2008
Fuente:
Clarín
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