Por Melina Sullivan
Recientemente se confirmó que la obra, que muestra a un hombre entre 30 y 40 años vestido de negro y con el típico cuello blanco de la época, es un lienzo del famoso pintor Velázquez (Sevilla 1599 - 1669).
El problema sobre la atribución de la obra surge cuando Joseph Douveen, uno de los coleccionistas de arte más importantes del siglo XX, sometió el lienzo a una restauración para que pareciera una obra terminada. Al utilizar un barniz muy denso ocultó lo que a su juicio podían ser faltas u omisiones. Ese acabado llevó al experto José López Rey a decidir, en 1963, que no podía ser una obra del maestro español.
Diversos investigadores, durante décadas, atribuyeron la obra a otros artistas, como es el caso de la atribución de la obra al pintor flamenco Anton van Dyck en el 1800. Esta larga historia de falsedades sobre el origen del lienzo llevó a que la obra fuera expuesta, durante décadas, como una pintura de un artista del taller de Velázquez.
La enésima restauración del lienzo, llevada a cabo por Michael Gallagher, recuperó la pintura original quitando los barnices aplicados con posterioridad al cuadro, lo que permitió observar de nuevo las pinceladas y los colores originales. Tras someterla a numerosos estudios se puso de manifiesto una nueva obra de arte, un retrato inédito que sólo podría haber sido pintado por Diego Velázquez.
Para celebrar el redescubrimiento de Velázquez, el Museo Metropolitano abrió el pasado martes 17 de noviembre una exposición, que permanecerá abierta hasta el 7 de febrero de 2010, con los cinco cuadros del maestro español que posee en su colección, entre ellos el retrato de "Juan de Pareja", y otras dos pinturas de su taller.
Cayó una cúpula sobre cada uno de los fieles
Algo quebró su sostén
La fe se nutre de blasfemias
Cuanto más la quiebran más robusta vuelve
El hombre frente a Dios es ciega entrega
Es vacío de una pérdida que sofoca
Es aire que el viento acuna
Es aire que el fuego abrasa
Rezan los fieles su devoción más pura
Claman por desconocidas almas
Dignas de Dios y de piedad
El aire ardió y quebró en dos la catedral
Otros fieles se adelantaron a sus ruegos
Ruegos de certera habilidad y puntería