Un vistazo a la Feria de Arte de Buenos Aires
ArteBA expuso las obras de 80 galerías argentinas y extranjeras.
Las ferias de arte, no los museos, son las que mejor están interpretando lo que pasa en el arte contemporáneo. Eso dijeron durante un foro en ArteBA, la feria de arte de Buenos Aires, expertos como el crítico argentino Rafael Cippolini y Alicia de Arteaga, columnista y editora del suplemento dominical de La Nación de la capital argentina.
Los dos sostienen que si antes los artistas rechazaban el mercado, hoy buscan un espacio en él aunque de manera más o menos solapada. "Si en Francia, en mayo del 68, las revueltas fueron contra el sistema, hoy las protestas son para no ser excluidos de él", asegura Cippolini. Y Alicia refuerza el punto refiriéndose a los cambios en la Bienal de Venecia: "La primera feria de arte, la de Venecia, la más simbólica, la que se hizo para homenajear al rey, venderá obra en su próxima edición".
Las instituciones privadas, no cabe duda, están ocupando el lugar que los museos públicos han abandonado, entre otras razones por la falta de recursos que les impide adquirir obras o construir o adecuar espacios acordes con los nuevos formatos del arte. Uno de estos casos es el del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires, cuya colección permanente, por increíble que parezca, permanece en cajas desde 1997 porque no ha conseguido fondos para exponerla.
Mientras tanto, es un museo privado, el Museo de Arte Latinoamericano, Malba, el que está exhibiendo y legitimando lo mejor del arte actual en la capital argentina, lo mismo que ferias como ArtBA. Y en Brasil, por ejemplo, invierten 800 millones de euros al año para que las galerías de ese país se presenten en ferias de arte internacionales como Arco, en Madrid. "No es casual la visibilidad que tiene el arte brasileño en el mundo", asegura Cippolini. Además, acaba de terminar en el Malba una muestra maravillosa de Tarsila do Amaral, una de las más reconocidas artistas modernas de ese país.
En este escenario, donde juegan papel principal la empresa privada y un nuevo tipo de coleccionista que, como asegura Cippolini, "no está interesado en el arte del pasado sino en sus propios lenguajes y estéticas más atadas a la inmediatez", los artistas mismos replantean su posición, y los museos así como el Estado se ven obligados a redefinir sus funciones.
Por lo pronto, el mercado está mostrando lo que sucede en las artes actuales. Y sucede que ya nadie discute si resulta liviana una exposición pomposa en un stand, sino si será la tendencia que más resultará vendiendo. Al fin y al cabo, hoy las ventas ya no tienen que ser grandes lienzos y ni siquiera complicadas instalaciones. Un DVD, vendido a precio simbólico, como el que ofrece la artista Mónica Girón, es un síntoma evidente de que las cosas están cambiando.
V de Victoria
La muy joven galería VVV de Buenos Aires, especializada en fotografía y videoarte contemporáneos, presentó un ramillete de cuatro artistas increíbles en su stand de ArteBA. Santiago Porter (1971), Marcelo Brodsky (1954), Gabriel Valansi (1959) y Bruno Dubner (1978). Hasta hace dos años no había en Buenos Aires ninguna galería especializada en estas materias, a pesar de que el interés por la fotografía es cada día más creciente y que muchas galerías en la feria tienen algún trabajo de esta naturaleza. Hoy hay dos.
El trabajo de Porter, sobrino de la reconocida artista Liliana Porter, es consistente y de tono intimista. En la serie Piezas, de 1993 a 2002, se dedicó a registrar los años que le siguieron a la salida de la casa materna con pequeñas fotografías en blanco y negro de los detalles nostálgicos: unas cobijas apiladas sobre un colchón, un rincón determinado... Luego siguió con la serie Edificios (2007), un recorrido por la historia argentina, gloriosa y decadente, a través de las fachadas de sus instituciones públicas. "Porter hace retratos de estos edificios, asume las grietas como las arrugas en un retrato", comenta Linda Neilson, codirectora de la galería.
Marcelo Brodsky es una figura importante del arte en Argentina. En Nexo y Buena memoria metió el dedo en la llaga al hablar de frente y sin ambages de los resultados nefastos de la dictadura. Él mismo perdió un hermano, Fernando, en esos años de las desapariciones. Su autorretrato fusilado es una imagen inocente y juguetona que luego dejó de ser divertida. Su trabajo reconstruyó lo que sucedió en el Colegio Nacional de Buenos Aires, tomando las fotografías de álbumes de sus compañeros de salón y escribiendo a su lado qué había sucedido con una y otra persona. El resultado fue dramático. Su trabajo más reciente, Correspondencia, establece diálogos con obras de otros artistas.
Gabriel Vasanti está trabajando sobre los archivos desclasificados de la Guerra Fría. Su obra A0800038 se titula así porque es el nombre de un archivo. La imagen inmensa y algo pixelada esconde tras de sí una verdad incontenible: el segundo antes de que una bomba explote.
Bruno Dubner es un maestro de la luz. Atraído por los objetos que resplandecen en medio de la oscuridad (una lámpara en la calle, el reflejo en las ventanas de un edificio, una claraboya), los trae a un primer plano que les altera el significado.
Todo sobre mi madre
El artista rosarino Mauro Guzmán se ganó el premio de adquisición ArteBA-Petrobrás con la obra Autocine Guzmán, entregado el jueves 29 de mayo. Haciendo un recuento de su vida, rememora graciosamente en una gran instalación de video cómo pudo haber nacido: en el acalorado encuentro de sus padres en un autocine, "mirando" la película Love Story, de Arthur Hiller. Recrea un autocine bastante artesanal con pequeños automóviles en donde la gente se sienta apretadamente a ver la proyección en una pantalla gigante. A la entrada, el nombre del cine en pomposas bombillas azules que dan la bienvenida. "Quise crear un espacio idílico donde proyectar películas de amor actuadas con amor; y a la vez, brindar un homenaje a mis padres y a los grandes autores del cine nacional", explicó el artista, cuya obra se exhibió en la galería Appetite y en Cultura Pasajera.
Hija de tigre...
El trabajo de Margarita Dittborn, 26 años, hija del reconocido grabador chileno Eugenio Dittborn, es tan complejo como el de su padre. Es representada por las galerías Animal y Florencia Loewenthal, de Santiago de Chile. Hace fotomontajes inspirados en el barroco flamenco y con clara influencia del claroscuro de Rembrandt y de Van Dyck. Construye naturalezas muertas dignas de Caravaggio y arma santorales como de Velásquez. Es tan extravagante que resulta profundamente irónica, pues exalta en gran formato todos los detalles como lo hicieran los maestros del siglo XVII: les pone gotas de silicona a las manzanas, busca un ratón de tienda de mascota, un puerco espín estrambótico, todo para saturar el verismo. Construye escenas, la caída de las telas, el golpe de luz, para luego fotografiarlas, generalmente incluyéndose en el retrato. Las que presentó en ArteBA son sacadas de la mitología religiosa. "No soy religiosa, pero me atrae profundamente su estética y sus símbolos", comenta. Por eso, leyendo y buscando, se encontró con Santa Margarita de Antioquía, pretendida en su juventud por un hombre romano que le obligaba a abandonar su fe y quien al rehusar la propuesta debió soportar el encierro en un calabozo. Allí se le apareció el demonio en forma de dragón y se la tragó. Santa Margarita, sin embargo, le abrió el vientre con un crucifijo. El año entrante presentará How exotic, sobre los primeros cronistas de Américas.
06-06-2008
Fuente:
Cambio
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