La obra, "Fueguinos. Imágenes e imaginarios del fin del mundo" abarca fotografías de los siglos XIX y XX, y consiste en un análisis desde la Antropología Visual de numerosas colecciones de material etnográfico, relacionadas con los pueblos originarios magallánico - fueguinos.
Dicho trabajo fue dirigido por la licenciada Margarita Alvarado Pérez, de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile y editado conjuntamente con la Lic. Carolina Odone C., el Lic. Felipe Maturana D. y la Dra. Dánae Fiore, contando a su vez con la participación de reconocidos investigadores de Argentina y Chile.
El mismo fue producto de un relevamiento de 3.000 fotografías aproximadamente, realizado en 8 países, de las que se seleccionaron unas 350 imágenes, cada una con su ficha correspondiente, autor, año, soporte, temática etc., constituyendo en su conjunto un trabajo de ordenamiento y organización único e inédito en el mundo y que tiene mucho que ver con la conservación, la preservación y la divulgación del patrimonio, en este caso en particular, de la cultura fuego - magallánica..
Cabe señalar, que tan importante premio fue creado por la Secretaria de Cultura de la Nación (Argentina) y el Ministerio de Cultura de Chile, con el objetivo de buscar en los trabajos de investigación y creación, temáticas que aporten al paralelo y a la hermandad que se está proponiendo en la integración Argentino-Chilena.
(En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
tanto quería.)
Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.