"Este curioso sistema con el que todos se han comprometido en los últimos 115 años de sentarse en la oscuridad, compartiendo nuestras emociones con un puñado de desconocidos, todos mirando en la misma dirección, (es una) situación bastante ridícula y ha llegado el momento de abandonarla", afirmó el polémico realizador galés.
Ante una expectante audiencia, Greenaway exhibió algunos fragmentos de sus últimos trabajos audiovisuales y reivindicó las enormes posibilidades que a su juicio aporta al séptimo arte: la revolución digital o lo que él resume en dos palabras claves: interactividad y multimedia.
"El cine está muerto, pero no tenemos que hacer duelo. Lo que viene ahora es tanto o más interesante. No tengo la más mínima duda de que el vocabulario del cine se torna mucho más extraordinario con todas las invenciones tecnológicas", apuntó.
El también pintor compartió su vanguardistas ideas en una actividad organizada en el British Art Center de Buenos Aires con motivo del estreno en Argentina de uno de sus últimos documentales Rembrandt's J'accuse, basado en la obra La ronda de noche, del famoso pintor holandés.
Este trabajo se enmarca en un proyecto artístico con el que se propone analizar cinematográficamente grandes obras de arte como ya hizo con La última cena, de Leonardo Da Vinci y Las bodas de Caná, de Paolo Veronese. Y pretende continuar con Las Meninas, de Diego Velázquez y el Guernica, de Pablo Picasso.
Con Rembrandt's J'accuse se lanza en Buenos Aires El documental del mes, una iniciativa de la compañía española Parallel 40 que trata de acercar este género audiovisual al gran público.
El director del proyecto, Joan González, recordó que con la proyección del mismo documental el primer jueves de cada mes en varios espacios de más de 50 ciudades de España, Chile, Uruguay y ahora también Argentina, quieren desarrollar una especie de democracia audiovisual.
Los ojos de mi madre no están vacíos
Se despiertan con el sol de enero
Y escriben los años en la arena
Oyen las palabras de mi padre
Y pestañean mientras se pintan los labios
Un delgado cristal les da refugio
Un espejo que rechaza la luz que daña
La luz soberbia que abruma
La luz ciega que no oye
Un cristal que el párpado abriga
Centinela de un color sagrado
Los ojos de mi madre miran hacia adentro
Y cuentan un cuento en su oído
Lleno de luces y colores
Que sólo ella ve