La muestra, que se prolongará hasta el 16 de enero, incluye iconografías de mediados del siglo XIX raramente expuestas, la gran vista panorámica de Buenos Aires realizada por Eduard Kretschmar en 1842 y obras de artistas contemporáneos premiados en el Salón del BNA como León Ferrari, Víctor Quiroga o Felipe Pino.
Curada por Roxana Olivieri, la exposición exhibe las piezas más relevantes del acervo cultural que hasta el momento permaneció en el ámbito privado de la institución.
Con el segmento El Banco y Buenos Aires, una serie de obras históricas con que comienza el recorrido de la muestra, se presenta la historia del Banco simbolizada en retratos de sus presidentes y la efigie del fundador, Carlos Pellegrini, pintada por el español Joaquín Sorolla y Bastida, explica Olivieri.
Oliveri destacó que el artista Solomon Joseph Solomon, uno de los mejores retratistas de su tiempo, fue el encargado de plasmar en el lienzo la imagen del primer titular del Banco, Vicente Casares.
El núcleo se completa con imágenes de Buenos Aires tomadas por artistas locales y extranjeros, una forma de recrear la vida y la arquitectura de principios del siglo pasado, como las litografías de Karl Oenike y Auguste Claireaux y los óleos de Karl Kaufmann.
La colección da título al siguiente recorrido, por un diverso conjunto de obras académicas y contemporáneas que van desde Eduardo Sívori y Lino Eneas Spilimbergo hasta Josefina Robirosa y Antonio Seguí, pasando por la figuración clásica y moderna de Fernando Fader y Romulo Macció a naturalezas muertas de Vicente Forte y obras abstractas de Ary Brizzi y Pérez Celis, por ejemplo.
El tercer y último núcleo de esta exposición "está constituido por los primeros premios adquisición del Premio a las Artes Visuales (2000-2001) y del Salón Nacional de Pintura que la Fundación Banco de la Nación Argentina organiza desde 2003", recordó Olivieri.
Así se sumaron importantes obras de arte contemporáneo como Instalación Publicidad, de Jorge Macchi (2000); Flores, bichos, aviones y helicópteros, de León Ferrari (2001); La Saramama (2004) de Víctor Quiroga y Estigma (2008), de Felipe Pino. La curadora destacó que "la muestra se completa con las esculturas de Pablo Curatella Manes Icaro y El acordeonista; así como un soberbio Seoane de dos metros y medio de altura titulado Los músicos.
La exposición abunda en nombres, estilos y técnicas, tiene pinturas de Walter de Navazio, Fernando Faber, un Russo espectacular, Spilimbergo y obras de la nueva figuración, con Macció y de Deira a la cabeza", señaló.
Olivieri consignó que trabajó en el relevamiento de esta colección, que incluye más de 400 obras: "tratando de separar la paja del trigo quedaron 70 obras que a mi criterio son las más importantes y representativas de la colección".
"La gente se va a asombrar porque podrá ver obras muy pocas veces expuestas en ámbitos públicos", aseguró la curadora sobre los cuadros y esculturas que, en muchos casos, no salieron de los despachos de los directores ni de las salas de reuniones o el salón de mármol del banco.
Los conceptos y las ideas cambian con el tiempo y "la realidad, hoy, es que se trata de una colección de todos y para todos que por primera vez se expone al público en general y ahí radica su mayor importancia, más allá de la indiscutible calidad artística de las obras que reúne", concluyó.