El traslado de Expotrastiendas a la Rural resultó exitoso, en opinión de sus organizadores. "Mejoramos en cantidad de público y en materia de ventas", precisó Álvaro Castagnino, director de la Feria.
A última hora del ayer, Castagnino estimó que el número de asistentes aumentó un 10 o 15% y que creció el interés en comprar. "Los resultados son muy alentadores" se entusiasmó el galerista, quien llevaba vendidos un óleo de su padre, Juan Carlos Castagnino, en U$S 7.000; una obra de Juan Lecouna en U$S 3.000 y otra de Juan Stoppani en U$S 2.500.
El artista más requerido fue Milo Locket que vendió 15 obras, 13 de ellas en su propio stand, a precios que fueron de $ 9.000 a $ 12.000. Dos más se compraron en la Galería Teresa Anchorena, que vendió además, una obra de Juan Andrés Videla en 9.000 dólares, otra de Roberto Elia en 5.000 y una tercera de Beatriz Pagés en 2.500.
Hasta ayer, el precio más alto era de U$S 20.000 que se había pagado por una obra de Miguel Dávila, vendida por la Galería Sacha D. La Galería De Santi. Por su lado, venció tres óleos de Martín Riwnij en 12.000, 7.000 y 6.000 dólares. Buen movimiento tuvo también la Galería Zamora: vendió un óleo de Eugenio Cuttica en U$S 9.500 otro de Jorge Duarte en U$S 7.000 y un tercero de Daniel Selicovich en U$S 2.500.
Galería Constantini vendió una carbonilla de Juan Carlos Constantini en U$S 3.000 mientras Soporte Cultura llevaba vendidas tres obras de Franco Lippi en U$S 1.000 cada una.
Por su parte, Galería Holz, colocó un óleo de Fabián La Rosa a $7.500 y la Galería Art Dealer, un acrílico de Julia Andreasevich en U$S 1000.
La galería rosarina Galería Herrmana Favorita vendió cinco obras en valores que oscilaron entre U$S 100 y 3.000: una de Virginia Negri, Pablo Resoalbe y Maximiliano Rossini y dos de María Jose Laquiadara.
Y la Galería Santiago del Estero vendió dos obras de Fabiana Laguna y Enzo Palavecino a $ 3.200 cada una.
Una celda diminuta cuida de mis ojos
Una prisión de filosos barrotes
Salvaje los corta en mitades de mitades
En otros tantos ojos
Miran como por la luz de una puerta
Espían al mundo nuevo
Un universo delgado
Un universo parcial
Se ven como una sucesión de detalles
Son tan leves
Tan vulnerables
Como cuadros de celuloide a punto de inflamarse
La tibieza blanca de una claridad los ciega
No se oye en esta celda música que ampare
Sólo cuelgan pinturas deformes
Abominables fragmentos de un cuadro que atormenta
Más allá de estos dedos que cubren mi cara
Todo lo demás es realidad que aterra