Cansado por el trato de los críticos locales, el artista abandonó el país a finales de la década del ochenta y hoy regresa con una posición victoriosa.
Con un estilo hiperrealista, sus pinceladas parecen copiar, literalmente, el vuelo de la realidad de los paisajes locales.
En su colección personal se destacan las montañas, los glaciares y el mar. Un reflejo, quizás, de sus travesías por la geografía argentina; afición que jamás perdió pese a haberse establecido en la plana (aunque montañosa por momentos), Irlanda.
Fue precisamente el océano, la temática que lo ayudó a desplazar a Antonio Berni del podio de facturación. Luego de visitar su atelier, un representante de una desarrolladora de proyectos urbanos de Andalucía se hizo dueño de la interpretación de la costa atlántica celta.
"Uno de sus ejecutivos vino a mi atelier en Austria, se paró frente a la pintura y se emocionó hasta las lágrimas. No pagó ese dinero porque yo era Helmut Ditsch ni por un tema de mercado. Su sensibilidad fue la que lo llevó a ofrecer semejante suma. La obra era parte de mi colección privada y no tenía precio. Pero me pareció que era un buen momento para que se fuera", explica el artista.
Quizás la explicación a su "dejarlo ir", radique en la repentina muerte de Marion, su esposa. "Ella fue muy importante en mi carrera y especialmente en la producción del cuadro. Se enfermó mientras yo pintaba esta obra y algo de esa tristeza se trasluce", confiesa.
Después de haber abandonado el país y de mantener una postura crítica frente al circuito comercial, el artista logró desplazar a Berni aunque lejos de sentirse satisfecho, analiza: "Jamás Berni o Pettoruti vieron un mango de lo que sus obras movieron. Si hay un mérito en mí es que cambié la historia en el teatro entre el artista y el coleccionista".
"Sería una provocación un cuadro mío en el Malba. Es una galería más que responde al sistema al que yo me opongo. A Constantini (Eduardo) no le vendería nada. O se lo vendería si dona la obra a la cancha de Boca o a una villa. Los museos no son mi ámbito, me hacen sentir mal", finaliza.
Alejado de los museos, Ditsch regresa al país para visitar a su familia en Villa Ballester, donde lo declararon ciudadano ilustre en enero pasado.