La perpetúa inquietud y curiosidad es lo que ha llevado al artista donostiarra Iñaki Moreno Ruiz de Eguino a zambullirse en varias piscinas, todas relacionadas con el arte: la pintura, el grabado, la escultura, la crítica e historia del arte, y también a comisariar exposiciones.
Esta personalidad incansable fue uno de los rasgos del artista que destacó ayer el doctor en Historia del Arte Francisco Javier Zubiaur Carreño, autor del catálogo de la exposición Formulaciones en el espacio que ocupa la primera planta del Pabellón de Mixtos de la Ciudadela.
Este decorado pamplonés no es desconocido para Ruiz de Eguino, ya que hace precisamente veinte años presentó parte de las series dedicadas a Arquitecturas rural s y a Cuerdas y papel.
"La exposición que inaugura la temporada de otoño recoge esculturas de formato medio junto a maquetas realizadas a escala y documentación fotográfica de grandes obras instaladas en espacios públicos abiertos. Y a esta obra le acompaña una selección de pinturas y obras gráficas", explicó ayer Paz Prieto, concejal delegada de Cultura.
Durante la presentación de la muestra, Zubiaur resaltó tres aspectos que definen, a su juicio, la obra de Ruiz de Eguino: "su personalidad polifacética; su investigación formal y espacial, que se desarrolla sin renunciar a ningún material; y que su obra fusiona las corrientes abstractas y geométricas vanguardistas con las profundidades del alma vasca". Por ello, concluyó el doctor en Historia del Arte, "Ruiz de Eguino recupera el espíritu de las vanguardias con una pureza excepcional".
Formulaciones en el espacio es un canto a la unicidad del espacio: "Cada pieza que expongo, tanto las bidimensionales como las tridimensionales, se hacen una fórmula en el espacio, y mi investigación se centra en la unicidad del espacio", apuntó Ruiz de Eguino. "Mis piezas son como una nota musical, y cuando organizo las exposiciones, la gente comenta que transmiten paz y seguridad. De hecho, mi escultura pública, desde los ochenta, jamás ha sido sometida a vandalismo", prosiguió.
De hecho, la exposición reúne una pequeña muestra de maquetas de las esculturas públicas que Ruiz de Eguino tiene diseminadas en el País Vasco, Asturias o Navarra (como la Columna del Viento de Noáin o el monumento a la cereza de Milagro). El artista se mostró muy satisfecho de cómo sus esculturas públicas se han convertido en un mobiliario transitado e integrado. "Me sorprende la cantidad de lecturas y pensamientos que ofrecen las piezas ubicadas en espacios públicos", aseguró. "Estudio mucho mis piezas y su ubicación. De hecho, -continuó-, me gusta disponer de seis u ocho meses para trasladarlas con detenimiento y ver su comportamiento".
Ruiz de Eguino ha transitado por distintas etapas evolutivas: comenzó con una pintura expresionista abstracta, para continuar después con la construcción formal y avanzar hacia la pintura tetra dimensional. Se cruza con el constructivismo ruso y retoma la escultura en su trato con artistas vascos. El protagonista de la muestra señaló que su obra pretende ser "una aportación a la escultura de mis maestros y amigos, aunque trato de subir un escalón más". Amigos como Eduardo Chillida, de quien publicó varias entrevistas en su faceta de periodista. Ruiz de Eguino también contó con la amistad de Jorge Oteiza, quien le eligió para comisariar su última muestra en el auditorio Kursaal.
La exposición de Ruiz de Eguino se incluye en el convenio de intercambio de exposiciones firmado por los ayuntamientos de Pamplona y Tolosa. Con él, un artista navarro ha expuesto cada año en el Palacio de Aramburu de Tolosa y viceversa; este año será Natxo Barberena quien traslada su obra al País Vasco.
Por Michele Unzué