Buenos Aires es un gran cuerpo sin alma, su progreso es palpable pero casi puramente material", escribía el pintor y crítico Eduardo Schiaffino en 1883. Para crear un arte nacional y moderno era necesario becar a los más talentosos, decía Schiaffino, enviarlos a Italia y Francia para que se formaran en las academias, talleres y museos. "Sucede esta inaudita cosa: nosotros, los que nos regodeamos de latinidad y herencia griega, nos preocupamos mal de nuestros artistas, y los yanquis, los prácticos, los bárbaros, protegen y ayudan prácticamente a sus artistas", se quejaba Rubén Darío en 1904, ante la ausencia de artistas latinoamericanos en el Salón de París. Estas palabras de Schiaffino y Darío son apenas una muestra del ríquismo material -cartas, crónicas periodísticas, archivos personales- que reunió la investigadora Laura Malosetti Costa para su libro Cuadros de viaje, publicado por Fondo de Cultura Económica. El libro narra la experiencia de los artistas plásticos argentinos en Europa -y en Estados Unidos, en algunos casos- entre los años 1880 y 1910. Aquí están los testimonios de Fernando Fader en Alemania, Eduardo Sívori en París, Lola Mora en Roma, sin olvidar a Pío Collivadino, Martín Malharro, Ernesto de la Cárcova, Rogelio Yrurtia, Graciano Mendilaharzu, José León Pagano, Eduardo Schiaffino y el poeta nicaragüense Rubén Darío. En estos "Cuadros de viaje" desfilan los conflictos artísticos y el clima cultural de una época decisiva en la historia de nuestro arte.
"Italia era la cuna del arte y París era el escenario donde se debatía y triunfaba la modernidad artística, eran modelos a seguir", dice la autora. ¿Acaso hay tanta distancia entre aquella época y el presente? "Hoy existen escuelas nacionales, lo latinoamericano tiene un espacio cada vez más importante en las subastas de arte. Pero hay tensiones que permanecen, en tanto persisten desigualdades en términos de consagración internacional para los artistas latinoamericanos. Ellos no pueden dejar de estar atentos a la escena global, aún cuando sus búsquedas estén orientadas a construir una alternativa local", dice Malosetti Costa.
Becaria de la Fundación Getty, autora de renovadoras investigaciones sobre arte argentino, como Los primeros modernos: arte y sociedad en Buenos Aires a fines del siglo XIX (2001), El más viejo de los jóvenes: Eduardo Sívori en la construcción de una modernidad crítica (1998) y Collivadino (2006), Malosetti Costa cuenta que quienes viajaban a estudiar en Europa eran hijos de familias de inmigrantes prósperos, pero la vocación artística era una rareza. Para demostrar que la plata de las becas gubernamentales estaba bien gastada -cosa que se discutía públicamente en los diarios- los elegidos debían triunfar en ciertos escenarios clave, como el Salón de París o la Bienal de Venecia. Pero además algunos cronistas que a la vez eran artistas -el caso de Schiaffino- buscaban formar el gusto del público con sus artículos periodísticos.
Los relatos que Malosetti Costa reunió van desde la escena de costumbres a las anécdotas de la vida bohemia, describen museos y obras famosas, hablan del trabajo en los talleres, de los deseos y desilusiones, de la pregunta por la posibilidad de un arte nacional. Entre los muchos testimonios reunidos en "Cuadros de viaje", sobresale el de Eduardo Schiaffino, "una figura central que tuvo una mirada política sobre el arte. Visitó París, Venecia, Turín, Nueva York", dice la autora. Y agrega: "Schiaffino tenía en claro que para lograr un arte nacional era necesario que la Argentina tuviera una academia de arte -ayudó a formarla desde 1878 con la Sociedad Estímulo de Bellas Artes- además de un Museo Nacional de Bellas Artes, que él logró en 1895. Se necesitaban exposiciones continuadas -él las impulsó en El Ateneo en 1893 y 1896- además de un circuito para el mercado de arte y una crítica que estimulara el consumo de obras. Todo esto haría crecer el espacio público para el arte y la profesionalización de los artistas. Schiaffino fue también nuestro primer historiador de arte".
¿Hoy los debates son más livianos? Malosetti Costa dice que no: "hoy no se escribe para denostar a un artista o un movimiento, coexisten muchas maneras de ver el arte. Pero es otra forma de polemizar. El silencio fue y es siempre el peor de los castigos".
Por: Eduardo Pogoriles
Primero vendrá un maullido
Sin tiempo y sin lugar
Un absurdo despertar
Luego vendrá la boca abierta de la vida
Un hijo a borbotones
Y el pasado sólo será tiempo inútil
Más tarde vendrá el desvelo
Por lo que nunca fui
Por lo que nunca seré
Y abrirá una huella para todos mis fracasos
Después vendrán los sabios
Que olfatearán mi cojera
Y cobardes morderán mi cuello
Pero nada habrán de hacer por lo imposible
Después vendrá la noche
Con su mano de madre
Y me dirá que ya es tarde
Que no queda más que cielo
Después vendrá mi cuerpo
Buscando aire en una piedra
Y cuando mi voz se ahorque con saliva
Una tormenta de tierra me sepultará
Luego vendrá un maullido
Sin tiempo y sin lugar