Diego Rivera revolucionó la pintura con sus murales
Tuvo cuatro esposas y unas 50 amantes, algunos capítulos de su vida están todavía abiertos, y provocan polémicas. Según Raquel Tibol, aún no se sabe, por ejemplo, cuál fue el papel de Rivera en el asesinato de Trotsky, ocurrido en México en 1940.
Diego Rivera fue un gigante de la pintura mexicana. Gigante no sólo por su tamaño corporal, sino porque revolucionó los muros con su pintura cargada de ideología y de colores, de indios, obreros, tiranos y máquinas industriales.
El 25 de noviembre se conmemoró medio siglo de la muerte de este pintor, fallecido a los 70 años (1886-1957), que fue también militante comunista, mujeriego pertinaz y esposo de Frida Kahlo. Con ella formó una de las parejas de artistas que más fascinación genera todavía entre historiadores y novelistas del arte. Rivera supo construir a su alrededor una historia de mitos. Le decían "El Sapo" por sus ojos saltones y "Chile Bola" por lo gordo y picante.
Tenía una personalidad arrolladora, que escandalizaba a los sectores más conservadores y deleitaba a los revolucionarios. "Lo recuerdo llegar lleno de ruidos a sus conferencias en el Colegio Nacional. Venía con su gesto de hortelano, con un casco de minero y el andar torpe de un marinero en tierra; venía a prodigar sustos y temores, aplausos y risas para sus oyentes nacionales y extranjeros", evocó el poeta y escritor Horacio Espinosa Altamirano, en un texto incluido en una "Antología Tributaria" en 1986.
Rivera, un gran conocedor de la técnica pictórica, estudió arte en Europa, tuvo una etapa cubista y al volver a su tierra se convirtió en figura clave de un movimiento artístico surgido bajo los ecos de la Revolución Mexicana (1910-1917) y con fuerte contenido nacionalista y popular.
Cuando regresó de Europa, "él se deslumbró con México. Entonces decidió que tendría que pintar la epopeya de México, lo que era su país, y se dedicó a pintar, hasta el día en que murió, la visión que él tenía de México", dijo la única hija con vida del muralista, Guadalupe Rivera Marín, de 83 años, en su departamento de la capital mexicana.
Pintar sobre grandes superficies era perfecto para su concepción de un arte popular, provocativo e interpelador, que dejó su impronta en las paredes de edificios públicos y privados de México y Estados Unidos.
"El no se preparó para ser muralista, él se preparó para ser un pintor y con el tiempo, cuando regresó a México, todo lo que él conocía del manejo de la técnica pictórica lo pudo aplicar para ser un gran muralista", dijo la hija de Rivera. "Para él es un reto, como para todos los muralistas que participaron en ese época. Fue por primera vez después de siglos que en México no se pintaba mural, y sobre todo al fresco, como ellos hicieron", afirmó.
Rivera, que conoció en Europa a Lenin y acogió en su casa a León Trotsky como exiliado, aunque romperían meses después, forma, con José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, la trilogía de los grandes muralistas revolucionarios de México. Dejó alrededor de unas 10.000 obras, entre murales y pinturas de caballete.
29-11-2007
Fuente:
La Gaceta
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