Joan Miró y su magia en Buenos Aires
El Centro Cultural Borges, en Buenos Aires, inaugura una muestra con 35 dibujos y 28 grabados originales del célebre artista catalán.
"Nunca antes se vio esta muestra y elegimos Buenos Aires para presentarla por primera vez", dice María Oropesa. Es la curadora de La magia de Miró, la muestra que hoy a las 19 se inaugura en el Centro Cultural Borges. En esta exposición podrán verse 63 obras del pintor catalán Joan Miró.
"Este es un pueblo muy culto y reflexivo que sentirá mucha atracción al entrar a esa sala llena de colores y de calidez", dice Oropesa, que ha trabajado en este proyecto con Montserrat Roca Campillo -la organizadora- y el coleccionista Alfredo Melgar, conocido como el Conde de Villamonte.
En la muestra, que se extenderá hasta el 16 de marzo, se exhibirán 35 dibujos y 28 grabados. Los dibujos fueron realizados en distintos papeles y soportes, con lápices y ceras, en los últimos cinco años de la vida del pintor. "Cuando estaba ya muy mal de salud, Miró tenía muy poca fuerza, lo veías muy débil y entonces lo sentabas delante de sus lápices, comenzaba a dibujar y recuperaba toda la fuerza, su vitalidad volvía", cuenta Melgar, quien fue amigo del autor luego de haber trabajado juntos para la galería parisina Maegth y coleccionó todas estas obras a lo largo de 35 años. "El dibujo es la creación más pura de un artista, es lo más espontáneo, surge sin un pensamiento ni idea previo pero también tiene una profesionalidad tremenda, como en el caso de Miró", comenta Oropesa.
Mientras tanto, los grabados son de distintas épocas de creación del artista y tienen el peso de alguien que daba mucha importancia a este tipo de arte. "En general, los grabados se consideran una obra menor, por debajo de un óleo, son fáciles de vender y esto ha ayudado a muchos artistas, pero para Joan eran tan importantes como cualquier otra creación. El estudiaba las distintas técnicas, probaba, investigaba, ponía mucho de él en los grabados", explica el coleccionista.
París y el surrealismo recibieron a Joan Miró alrededor del año 1920, cuando este pintor catalán que buscaba algo real más allá de la realidad, se instaló en la ciudad que le dio herramientas para seguir creando y talentosos amigos con quienes compartir las ideas que venía gestando desde España. André Bretón lo recibió y honró como a quien "el surrealismo le debe la más bella pluma de su sombrero".
Luego hubo un distanciamiento personal y también creativo porque -dice Oropesa- "Miró no perteneció a ningún grupo estético. El rompió con el arte conocido y generó algo único. Cuesta para muchos comprenderlo porque él salta su tiempo, rompe con los moldes". Melgar agrega: "Joan Miró es el primer gran artista del siglo XXI. Un adelantado que inaugura un nuevo concepto que termina con el hombre sintiéndose el centro del universo. El destruye el cubismo pero también el antropocentrismo y crea figuras que salen de la Tierra".
Esta exhibición incluye un "Plan Educativo" que los organizadores (quienes ya planean traer a Buenos Aires varios de los instrumentos musicales fabricados por Leonardo da Vinci) realizarán con las empresas auspiciantes. El plan consiste en llevar a la muestra a chicos de colegios carenciados, con guías que les cuenten la historia del autor para que ellos luego puedan con papeles y pinturas generar sus propias creaciones.
"Yo romperé la guitarra", le dijo Miró a un periodista francés años antes de su muerte; esto resulta quizás un buen resumen de la teoría del arte que se haría luego sobre él y también de lo que puede verse en los dibujos y grabados en el Pabellón II del Borges. Cada imagen está plagada de figuras oníricas, de colores, de claridad y oscuridad, de lo bello y lo insólito.
Si los autores laten en sus obras, si viven realmente en ellas, entonces Joan Miró acaba de atravesar un océano para dialogar con Buenos Aires.
Foto: Gentileza Centro Cultural Borges. Daniel Adrián Kiper, Argentina 2007
19-12-2007
Fuente:
Iber Arte
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