El bicentenario del país fue un disparador. Creyó que Villa Mercedes y sus músicos merecían tener una obra de arte que los representara.
Hugo Sayavedra es el único escultor de bronce en toda la provincia de San Luis y construyó una guitarra de más de tres metros de alto y setenta kilos. "Debe ser una de las más grandes del mundo" dijo y propuso hacer una marcha anual de los guitarreros para celebrar el cumpleaños de la ciudad.
Sayavedra construyó la guitarra con escala de uno a tres. Cada pieza de la escultura, valuada en cuarenta mil pesos, triplica el tamaño de un instrumento común y para hacerlo utilizó elementos de descarte: latas de cerveza y envases de desodorante que fundió en su horno. La cantidad que manejó es imprecisa aunque estima que empleó cientos que compró a linyeras y a otros que recolectó junto a su familia.
La caja, con una pátina que imita a la madera, está hecha de hierro y el diapasón con fundición no ferrosa, el material al que el artista accede después de fundir la chatarra; mientras que los clavijeros son de bronce. Movilizar la escultura de más de setenta kilos demanda el trabajo de al menos dos personas.
Una silla, sobre la que se afirmará la guitarra, también forma parte de su creación. Pesa más de ochenta kilos y está hecha con hierro. "Como los músicos dejan la guitarra sobre la silla, yo quise hacer lo mismo", comentó Sayavedra.
No vuelve el profeta a caminar sobre sus pasos
No vuelve el poeta
Toda inspiración es divina y es profana
Como ceremonia en Occidente
Como metáfora que corrompe
Algún dios traicionará su prudencia
Dirá no conocer al vagabundo estéril
Negará lo que anunció con sus milagros
Le mostrará la mano hueca
Escribirá el poeta del profeta
Otro dios leerá el papel profano
La indiferencia de la fe que juzga
Leerá la retórica del verso sometido
La metáfora blanda que doblega
La difamación de toda hipérbole
Y con la mano en la espalda del poeta
Escribirá un cuento milenario
Hablará del racimo salvaje de los miedos
De la fe de otro profeta peregrino
Nacerá su voz desde la herida
Derribará montaña y voluntad
Contará un cuento que se ampare
En la mansa forma del oído